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¿POLO ROJO O POLO BLANCO?

Por: Carlos Leon | November 9, 2011 - 8:59 pm

¿Tú crees que Ollanta Humala se despertó una mañana, después de un sueño intranquilo, y se encontró sobre su cama convertido en un socialdemócrata? ¿Sospechas de que todo el cambio de discurso fue una enorme representación teatral en la que todos son en realidad chavistas y solo se disfrazaron durante la campaña para despistarte? Esta es la crónica de cómo Ollanta Humala salió de la órbita de Hugo Chávez, el Socialismo del Siglo XXI y sus asesores españoles, y se acercó a Lula Da Silva, sus expertos en marketing y el “modelo brasileño”. Es una historia crucial, pues en sus detalles se encuentran las claves no solo para descifrar el triunfo del nacionalista y lo que le espera al país, sino también para saber que no todos los involucrados ganaron en el proceso. Porque esta historia me la contaron los perdedores.

Debieron enterarse en algún momento de noviembre. La frase que dio cuenta del cambio fue tal vez “no estamos solos”, y aunque suene al descubrimiento de una invasión extraterrestre, era certera. Los nuevos jales se hospedaban en el Miraflores Park Hotel y tenían ya cierto tiempo en Lima. ¿Por qué no les dijeron? ¿Surgieron por generación espontánea, o eran parte de una promoción de Brahma? Durante el 2010 era muy comentada, en los corredores de la izquierda, la cercanía que venía desarrollando Ollanta Humala hacia un grupo de asesores brasileños. “El Partido de los Trabajadores (PT) y Lula” decían unos, “pero también sus empresarios” replicaban otros. Nadie ignoraba la calidad del marketing político brasileño, ni se menospreciaba su profesionalismo y sus logros. Pero tampoco se pasaba por alto su tendencia política: sus campañas generaban compromisos públicos que derivaron en gobiernos reformistas, muy pegados al centro, continuistas en lo económico aunque con un fuerte énfasis en lo social. Eso no era lo que quería un sector dentro de Gana Perú que hasta entonces venía llevando la batuta en la campaña. ¿Qué hacer entonces? ¿Se podría conjugar la estrategia de un lado con la propuesta del otro, o necesariamente uno tenía que perder? La verdad es que se dieron cuenta demasiado tarde. Un lado perdió.

El extraño de pelo blanco
Luis Favre volvió al Perú en noviembre del 2010, luego de culminada la campaña presidencial de Dilma Rouseff. Timing perfecto: la segunda vuelta en Brasil había sido el 31 de octubre, mientras en Perú recién se estaban conformando los equipos de campaña para las elecciones presidenciales de abril del 2011. Favre, cuyo nombre original es Felipe Belisario Wermus y no es brasileño sino argentino, no era nuevo en la política peruana. Él había desarrollado cierto papel durante la campaña electoral para la Asamblea Constituyente de 1978. Algunos dicen también recordarlo en Lima en el verano de 1980, durante las negociaciones de la izquierda radical para una postulación conjunta de cara a las elecciones generales de ese año. Unos días después de la llegada de Favre vendría también Valdemir Garreta, él sí brasileño y de la misma empresa de marketing político que Favre. Ambos serían los coordinadores generales del equipo de asesores brasileños vinculados al PT que apoyaron la campaña de Gana Perú.

Algunos dicen que Favre habría sido recomendado por José Dirceu, ex presidente del PT y ex jefe de la Casa Civil del primer gobierno de Lula (un cargo similar al de primer ministro). Favre puede no haber sido un top ten, pero no era para nada un desconocido. Aparte de haber trabajado con Duda Mendonça en la campaña de Lula en 2002, encargándose de la comunicación televisiva, fue uno de los asesores de Marta Suplicy en su victoriosa campaña a la alcaldía de São Paulo en el año 2000. Tres años después, la entonces alcaldesa Suplicy se casó con el consultor Favre, y Lula da Silva, entonces presidente de Brasil, fue el padrino de la boda.

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