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EL PERRO DE TU PERRO: ESCENAS POLICIALES

Por: Jose Villaorduna | July 5, 2012 - 2:07 pm

-¿Por qué nos tratan así?
-Porque son perros pues conchatumadre, por eso…

Tras ver el video de la detención de Marco Arana una y otra vez, me es imposible no volver a ver estas imágenes hoy:

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Recordemos: el 26 de octubre del 2011, Heinz Lundstrom y Alejandra Humeres fueron detenidos tras protagonizar una gresca en estado de ebriedad y luego resistirse al arresto. Ya en la comisaría, se apoderan de la situación. Por lo que se puede ver, ninguno de ellos siente el más mínimo escrúpulo o temor por estar enmarrocados al interior de una dependencia policial. Insultan y golpean a los policías: Alejandra Humeres tira los documentos de la detención al suelo, patea los muebles que hay a su alrededor y también a uno de los policías, da órdenes a gritos a los efectivos. Heinz Lundstrom forcejea, grita y patea en la cabeza a uno de los policías. Se saben dueños de la situación, intocables. Quienes están más bien aprensivos y cautelosos son los efectivos de la comisaría Las Praderas (La Molina). Uno de ellos, probablemente el superior en jerarquía y más experimentado, solo atina decir: “Filma todo lo que hacen”. Esa es la máxima facultad que saben tienen permitido para defenderse si no quieren verse metidos después en serios problemas: cuidarse de no hacer nada que pueda ser entendido como una agresión y filmar. Su delicadeza y recelo parecen justificarse cuando la fiscalía decide dejar libres a los jóvenes, quien sabe si con una reprimenda por su “travesura”. Si un policía, con justificable indignación, hubiese preguntado a Heinz y Alejandra por qué los estaban tratando así, no debería haberse sorprendido si la respuesta hubiese sido: “Porque son perros pues conchatumadre, por eso”.

Comparemos esa situación con lo ocurrido a fines de mayo en la plazuela Bolognesi de Cajamarca:

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Los policías agreden a un periodista por hacer su trabajo: filmar. No es casualidad que la policía tenga esta actitud contra la prensa: si filmar es lo único que les permitía defenderse de una pareja de prepotentes y abusivos niños-bien; el que sus abusos en Cajamarca sean filmados podría permitir que esos abusados se defiendan también. No se trata de un caso aislado y parece ser más bien una consigna dada por sus superiores. Reporteros de distintos medios, incluso de medios afines al gobierno, son víctimas constantes de abusos por parte de policías que han sumado a la evidente prescripción de no permitir que se registren sus intervenciones, el ocultar su identificación, como se da cuenta en el minuto 3:40 del siguiente video:

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Veamos ahora el mundialmente difundido video de la abusiva detención de Marco Arana, y retomemos el célebre minuto 3:29:

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Así llegamos a la lógica actual del poder hecha explícita como nunca antes:

-¿Por qué nos tratan así?
-Porque son perros pues conchatumadre, por eso…

Es cierto. Todos somos perros, como dice ese conchesumadre. Los policías saben que son perros cuando están frente a dos pituquitos faltosos de La Molina, ante cuyos abusos no sale ningún ministro a dar la cara para advertir que no se tolerará este tipo de acciones. Los policías saben también que pueden tratar como perros a los que protestan en Cajamarca, e incluso a quienes se atreven a reportear cómo es que los policías se convierten de pronto en perros que comen perros. Para mí es claro que lo que responde el encascado policía a la señora que le reclama su abuso, no es más que la expresión de una orden que ha recibido de sus superiores: los que protestan son perros, los periodistas (no los privilegiados directores de diarios) son perros, así que es tu oportunidad de tratarlos como tales.

Los policías son perros de los políticos que manosean ascensos, destaques y pases al retiro en función de conveniencias personales. Son también perros de congresistas que los tienen de choferes y cargadores de las bolsas del mercado de sus esposas. Son además perros de la gente con la plata suficiente para tener a un uniformado acomodando los carros de sus invitados a sus cumpleaños, o de guachimanes de sus empresas. Son perros enfadados y mal remunerados, que sin embargo saben que, de cuando en cuando, pueden encontrar sus propios perros y desquitarse. Son perros con armas.

Hoy es mucho más difícil luchar contra esa política del perro-come-perro, pues tenemos a un presidente que pasó por eso de ladrar y obedecer, y hoy no puede olvidar las formas y costumbres de los cánidos. Manda a sus perros a morir al VRAE, sin equipo, alimentos ni preparación suficiente, y luego los abandona. Permite, sin decir ni “tweet”, que se trate como perros a quienes se resisten a aprenderse los trucos que evitan problemas y se premian con galletas. Ya van diecisiete peruanos muertos a balazos como perros.

Tal vez soy demasiado miope para notar el racismo en unas fotos que, para ser sinceros, no me incomodan demasiado, pero no tanto como para no notar el desprecio discriminador detrás de estas imágenes policiales. En esta visión, hay quienes nacen para dar órdenes y quienes nacen para obedecer. Hay quienes nacen para patear y otros que deben resignarse a recibir las patadas. En una comisaría de un barrio residencial de Lima, queda claro quién es el perro de quién. En las calles de provincias, este gobierno nos está diciendo que algunos de nosotros estamos más abajo en la escala de los chuchos.

Los policías y la mayoría de limeños aceptan (aceptamos) esta imposición sin protestar mucho, porque existe un proceso que permite el blanqueo parcial, indispensable para poder morder y evitar ser mordidos. En la policía, el grado blanquea. En la calle, el dinero es el que desmancha y afila los colmillos. En el mundo de la política, la victoria suprema te permite sentarte en la mesa con los mismos que antes te alejaban a patadas o te ponían al cuidado de sus autos.

En este Perú que desalienta o subvierte a pesar de las publicidades de la Marca Perú, todos somos el perro de alguien más. Y hay, claro que sí, alguien más blanco entre los pálidos, ante el cual, hasta el presidente de nuestro país, solo tiene permitido mover la cola.

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