Que las rubias son tontas puede ser un prejuicio bastante injusto. A veces. Ser rebautizada por Smokey Robinson –el legendario compositor y productor discográfico de soul y rhythm and blues– como Aretha Joplin (aludiendo a Aretha Franklin y Janis Joplin), no es un halago que Joss Stone haya recibido gratis. Antes, debió audicionar en programas concursos de televisión, dejar su Inglaterra natal para fichar con S-Curve Records, y así comenzar a encandilar a cada vez más devotos con su extraordinaria voz. A los 16 años compartió escenario con John Legend cantando el tema Tell me something good, de la banda Rufus, y entonó junto a la leyenda del funk, James Brown, un medley de los clásicos It´s a Man´s Man´s World y Papa´s Got a brand new bag, para un evento benéfico.
Y si algo diferencia a las niñas blancas del otro lado del Atlántico es que prefieren adorar a las leyendas de la música de color modesto. Con claras influencias del R&B norteamericano, soul y hip-hop alternativo, Introducing joss stone, su tercer álbum de estudio, superó en ventas a Black to black de Amy Winehouse, convirtiéndola en la artista británica con mejor debut comercial en el mercado gringo. Pero el álbum no solo vendría acompañado de un cambio de imagen (dejaba la cabellera rubia por un rojo intenso), sino también de un nuevo récord Guiness, que la reconocía como la solista más joven en recibir un Brit Award. Y, para entrar un poco en el morbo farandulero, ese sería el inicio de una larga disputa con la gigante EMI, a quien le dedicaría el sencillo: Free Me E-M-I (Libérame EMI). Pero Joss nos asegura que todo este alboroto ya acabó. Con más de 11 millones de copias vendidas alrededor del mundo, y un nuevo disco, LP1, puesto a la venta a través de su propio sello discográfico, Stone´d Records, “la vegetariana más sexy del mundo” –según PETA– habló en exclusiva para Dedomedio desde su casa en Devon (Inglaterra). Desde allí alista LP2 y otro álbum más junto a Damian Marley, mientras lidera los charts mundiales con Superheavy, mega banda formada por el compositor hindú Oscar A.R.Rahman, el jamaiquino Damian Marley (quien estuvo hace poco por estas tierras), el ex Eurythmics Dave Stewart y Mick Jagger.
SNAKES AND LADDERS
Era solo una mocosa de 13 años de edad cuando dio sus pinitos en el programa de talentos de la BBC: Star for a Night, cantando (You make me feel like) A natural woman, de Aretha Franklin y It´s not right but it´s okay, de la rehabilitada Whitney Houston. Ganó. No había competencia. Luego, a sus 19 años, fue reclutada para ser el rostro de la marca Gap, en reemplazo a la actriz Sarah Jessica Parker, lo que ayudó a que su nombre se inscriba en la lista de las jóvenes celebridades más ricas de su país. Pero Joss no era la típica adolescente engreída salida de un programa concurso que una disquera podría manejar. Tras la venta de la casa disquera EMI a la empresa privada Terra Firma, Stone quiso dejar la compañía como muchos otros artistas, entre otras cosas porque la nueva administración de EMI le achacaba “gastos exorbitantes y un management excesivamente independiente”. Un nuevo álbum se editaría sin el permiso de la discográfica y ésta última emprendería acciones legales en su contra. Ella perdió varios millones de dólares, EMI lanzó un disco recopilatorio al que llamó The best of Joss Stone 2003-2009, y la artista se vengaría con un álbum extraordinario –con una controversial portada– antes de emprender la aventura del sello propio.
En esas andaba cuando la llamamos. Sin aires de diva, y con un fortísimo acento británico, además de una risa contagiosa, la joven diva del soul levantó el auricular para dar comienzo a una entrevista como para calentar una próxima parada en Lima: “Hellouu?, ¡cómo andas!… aguarda, déjame sacar a mis perros de aquí… ¡salgan, salgan! Ok, ya se fueron (risas)”. Y así empieza.
¿Cómo se puede mantener los pies sobre la tierra y huir de los escándalos propios de una celebridad de tu edad?
Oh, ¡no lo sé! Es decir, intento tomarlo como lo que es, mi trabajo. Uno muy divertido, por cierto, pero que no me da ninguna excusa para comportarme como un ser humano algo loco. O bastante loco, diría yo (risas). Es cosa de vivir tu vida, escribir canciones y pasarla bien. Así es como soy, supongo. Nunca fui seducida por el dinero o la fama. Tener que peinarme muy glamorosamente puede llegar a estresarme, odio cuando la gente me dice qué ponerme. Prefiero caminar sin maquillaje y usar cualquier cosa con lo que me sienta cómoda. ¡Creo que por eso siempre estoy en las listas de las peores vestidas! (risas).
Recuerdo haber visto la broma que Ashton Kutcher te jugó en Punk´d hace algunos años y haberle gritado al televisor: ¡En qué momento va a soltar algunas groserías británicas al estilo de Simon Cowell? Pero todo fue paz. ¿Hay algo que realmente pueda alterar tus nervios y sacarte de quicio?
Oh, ¡la broma! Sí, sí. ¡Claro que la recuerdo! (risas). Y sí, claro, hay miles de cosas que me pueden sacar de quicio. Pero no esa broma, digo, eso fue solo algo desafortunado. Pero, por ejemplo, cuando la creatividad intenta ser socavada por terceras personas, eso sí que me altera. Pero ese tipo de cosas ya no suelen pasarme últimamente, así que ahora estoy feliz. No soy una tipa que se haga líos fácilmente, solo lo hago cuando se meten con mi creatividad, ahí sí enloquezco. ¡No tienes ni idea! (risas).
Sobre tu ruptura con EMI: ¿en qué momento o álbum podrías decir que dejaste de sentirte cómoda contigo misma?
Empecé a sentirme de esa forma cuando tenía probablemente, 17 o 19 años e hice dos álbumes bajo la sombra de lo que podría llamar “el gran señor del negocio”. Al principio, necesité de mucha ayuda y guía porque no sabía qué hacer y estaba realmente nerviosa. En esa época estaba en la escuela y tenía una maestra maravillosa, Betty Wright, ¡estupenda! Se trató de una etapa de aprendizaje y fue increíble. Pero, después, cuando empecé a crecer y dije: “Ok, voy a intentar a hacer este álbum (Colour me free) por mi cuenta…”, ya sabes, elegir la gente con quien voy a trabajar, escribir los temas… ¡descubrirme! Saber si realmente estaba hecha para ser un músico, y no solo una voz que canta lo que sea, lo que la compañía le diga. En ese momento, ¡los grandes problemas empezaron! (risas). Ahora lo entiendo, ya sabes, si manejas un negocio lo que buscas es tener el control sobre tus inversiones, la creatividad no es tu meta. El dinero lo es. Pero, ya pasé la etapa de aprendizaje y, al final del día, no sería un ser humano feliz si alguien me tuviera que decir qué hacer por el resto de mi vida. Y fue por eso que nunca más regresé a EMI.
¿Fue un arrebato o lo pensaste mucho?
Lo pensé, por supuesto, pero lo hice muy rápido y todo el proceso de grabar ese disco fue muy corto. Creo que mi manera segura de hacer música es de una forma espontánea, así funciona para mí. Y Colour me free fue el primer álbum con el que hice el intento, dije: “Ok, vamos a ver si podemos grabar los primeros pensamientos que se nos vengan a la mente y hacer que estos suenen realmente bien”… ¡y ocurrió que sonaron muy bien! Todos estábamos muy contentos por eso. Lo grabamos y se lo entregamos a EMI, pero… ¡a ellos no les gustó! Flaca, ¡estaban realmente enfadados conmigo! Me dijeron: “Joss, ¡cómo se te ocurre grabar un álbum sin consultárnoslo, sin registrar los permisos y bla bla bla!”, …sí, estuvo mal (risas), pero nos divertimos y la pasamos bien, y eso es lo que realmente importa, ¿cierto?