ESTATISMO, PRIVATISMO Y MAMARRACHOS RETRÓGRADOS (I)

 

Si algo ha producido más histeria en el Perú que la poco transparente elección de Nicolás Maduro en Venezuela, es la ahora casi segura compra de los activos de Repsol por parte del gobierno peruano (bueno, tal vez esto produjo más histeria). Y aunque parecía que en este tema íbamos a mostranos más reflexivos, aunque no hay aún una ola de suicidios tras las declaraciones de Ollanta Humala, ya salió la Confiep a decir que estamos camino a convertirnos en Cuba. ¿Es cierto? ¿Se nos viene encima la Gran Transformación? ¿Humala es el nuevo Hugo Chávez? Lamentablemente, en este tema parece que nos estamos guiando más por lo que dice el manual que por lo que enseña la realidad.

1. La razón por la que los liberales nos solemos oponer a un Estado empresario no es por la existencia de un mandato cuasi religioso, tallado en piedra por los padres del liberalismo, que lo prohíba. Actuar de ese modo, como de hecho han actuado muchos de los escandalizados con los coqueteos del gobierno para comprar los activos de Repsol, no nos diferenciaría en absoluto de los fanáticos religiosos que se oponen a que se enseñe evolucionismo en los colegios.

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 (A juzgar por las últimas portadas de Perú21, Fritz debe estar vendiendo sus casas y autos, y rematando sus acciones en la BVL después de la entrevista de ayer a Humala... naaaaaaaaah)

La razón de dicha oposición es más bien práctica: los incentivos de un empresario privado vs. los incentivos del Estado, suelen determinar diferencias en la eficiencia de sus respectivas gestiones empresariales. El mayor incentivo del dueño de una empresa privada es ganar plata, mientras que el mayor incentivo de las personas que están a cargo del Estado (es decir, de los gobernantes de turno) es ganar votos. Si tú manejas una empresa con la idea de ganar plata vas a tener resultados muy diferentes que si la manejas con la idea de ganar votos. Y esa ha sido la razón por la que nuestra experiencia con el Estado haciéndola de empresario ha sido desastrosa.

¿Eso significa que jamás una empresa estatal podrá ser igual o incluso más eficiente que una empresa privada? Para nada. Estar consciente de los diferentes incentivos entre gobernantes y privados puede llevar a neutralizar los incentivos perversos que llevarían a una mala gestión empresarial, a través del diseño institucional. Pero recalco el condicional: "podría".

2. Un ejemplo de cómo el diseño institucional puede neutralizar los incentivos perversos de nuestros gobernantes es nuestro elogiado Banco Central de Reserva. Si puede parecer peligroso un Estado empresario, más pavor debería producir un Estado con la potestad de emitir billetes. Cualquiera que haya vivido la experiencia de ir al mercado o intentado conservar sus ahorros a finales del primer gobierno de Alan García, puede recordar ese terror. Y es que la forma en la que un gobierno suele pretender ganarse las simpatías de sus gobernados (y sus votos) es regalando muchas cosas. Y para comprar esos muchos regalos, el recurso más inmediato es imprimir mucho dinero. Eso produce inflación y ya conocemos sus resultados (hoy, esa situación la conocen sin necesidad de acudir a libros de texto, venezolanos y argentinos). Por esta razón, economistas liberales como Friedrich A. Hayek proponían eliminar el monopolio de la banca central y permitir que cada banco privado emita su propio dinero, pues para él los gobiernos solían ser inmorales y decepcionantes como emisores de dinero.

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(La moneda con la que sueñan algunos...)

Para Hayek y muchos economistas de la escuela austriaca, la emisión de dinero era cosa de empresarios privados, y lo que era más bien una aberración es que sea el Estado el que fabrique dinero. De hecho, hace 200 años no era raro que fuesen los bancos privados los encargados de emitir billetes, hasta que entre fines del siglo XIX e inicios del XX el sistema de la banca central se impuso. Durante el siglo XX vimos pésimos ejemplos de funcionamiento de la banca central, con hiperinflaciones como la alemana en 1923 o la peruana del primer gobierno de García.

Sin embargo, y pese a esos y otros casos en que el Estado demostró ser lo inmoral y decepcionante que decía Hayek, el camino no fue vetar al Estado de la banca central, sino crear un diseño institucional que garantizara el bloqueo de todos los incentivos perversos que lo puedan llevar a generar inflación. Entonces, aunque la teoría liberal diga que el rol de imprimir billetes debe ser entregado a la banca privada porque el Estado siempre será un pésimo emisor, un sistema de candados institucionales puede convertir al Estado en un buen banquero central. Nuestro BCR es un ejemplo a nivel mundial de un buen diseño institucional. Si eso se puede conseguir en un negocio tan complicado y peligroso como la emisión de dinero, ¿por qué no se podría lograr lo mismo en otros rubros?

3. Por eso, antes que estarnos rasgando las vestiduras frente a lo que parece ser una decisión ya tomada por este gobierno y que en otros países (como en nuestro admirado vecino del sur) no mueve ni un pelo a sus economistas, deberíamos estar preocupados por crear un buen diseño institucional para un Estado que de hecho ya actúa como empresario. Es decir, lo que es un mamarracho retrógrado es seguir negando una realidad de nuestro país y del mundo en general, cuando deberíamos estar pensando en cómo podemos neutralizar los incentivos perversos que guían a cualquier gobierno-empresario hacia el clientelismo o la irresponsabilidad.

4. Dicho lo anterior, y dejando claro que no me escandaliza que el Estado compre una empresa privada, pienso que no está claro que la compra de los activos de Repsol sea un buen negocio para el Estado (aunque tampoco está claro que no lo sea). Y digo además que si es cierto que no tenemos suficientes recursos como para pagar mejor a maestros, médicos y policías, ¿por qué estamos gastando los pocos recursos que tenemos en una actividad que no parece prioritaria ni muy rentable? Es decir, parafraseando a Ricardo Arjona, el problema no es que el Estado invierta en una empresa, el problema es ¿necesitamos que invierta precisamente en esa empresa?

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(Tal vez Andrés Edery lo explique mejor que yo...)

5. Si Humala hubiese salido a decir que está decidido a invertir todos los recursos del Estado en que tengamos las mejores escuelas públicas de la región, o del mundo incluso, y que el Estado va a salir a competir, leal o deslealmente, con las escuelas y universidades privadas, de manera que tengamos tan buenas instituciones educativas públicas que terminará siendo un mal negocio tener un colegio o universidad privada, porque hasta los ricos van a sacar a sus hijos de sus carísimos colegios para ponerlos en las competitivas y eficientes escuelas públicas, pues yo mismo saldría mañana con mi letrero a marchar para pedir un Estado intervencionista y gigante en el sector educación, y me importaría un carajo que la competencia del Estado haga quebrar a colegios y universidades privadas. Es decir, que el Estado invierta, gaste, compre, contrate todo lo que quiera, pero ¿por qué no lo hace en lo que es verdadera y absolutamente necesario?

6. Pero OK, eso es soñar. Revolucionar la educación en el Perú es algo que no lo va  hacer Humala. En cambio sí va a comprar los activos de Repsol. Así que mejor dejemos de llorar y exijamos un buen diseño institucional para esa compra y para esa empresa, de manera que si Alan García y el Apra vuelven al poder, o a Castañeda le liga por fin y sale presidente con su band... perdón, con su equipo, ni siquiera en esos casos las empresa estatales puedan convertirse en un botín. Después de todo, siendo el Apra y Alan García un ejemplo de "gallina que come huevo", ni siquiera ellos pudieron tomar por asalto al BCR en el segundo aprismo. Aunque ganas no les faltaron.

PEPE VILLAORDUÑA
PEPE VILLAORDUÑA
Periodista con pretensiones de cocinero. Sé preparar tallarines verdes, crema de zapallo y asado de osobuco con puré. Una vez mandé a cinco personas (incluido yo) al hospital por un plato mal preparado. De eso hace muchos años. Espero haber mejorado desde entonces.
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