¿FUJIMORI FUE MÁS DEMOCRÁTICO QUE PANIAGUA Y TOLEDO?

LOS REGÍMENES ENCUESTOCRÁTICOS LATINOAMERICANOS

A propósito de la re-re-elección de Rafael Correa en Ecuador, el buen Nelson Manrique publicó esta semana un artículo en el que, palabras más palabras menos, sugiere que Venezuela, Ecuador y Argentina serían países más maduros en términos políticos, y de taquito, incluso más democráticos que el promedio de la región, a pesar de los apetitos reeleccionistas de Chávez, Correa y Kirchner. ¿Y en qué sustenta este punto de vista? En que los ciudadanos de Venezuela, Ecuador y Argentina se perciben a sí mismos como más democráticos y felices con sus gobiernos. La fuente de dicha información es el Latinobarómetro, y debido a los buenos resultados que obtienen los países mencionados en dicha encuesta, Manrique concluye l0 siguiente:

Resulta entonces que los ciudadanos de Argentina, Venezuela y Ecuador consideran sus países más democráticos que el promedio de América Latina y por supuesto del Perú (nosotros estamos en todo por debajo del promedio), muestran una mayor conciencia de sus deberes y derechos y una mayor identificación con sus instituciones. Asimismo, se sienten menos discriminados social y racialmente, confían más en la democracia para defender sus intereses y creen que ésta brinda las mejores condiciones para crecer económicamente, y un largo etcétera. Pero al parecer la opinión de los ciudadanos de esos países no cuenta a la hora de juzgar si viven una democracia o no; quienes lo dictaminan finalmente son los medios de comunicación y un grupo de politólogos, por lo general alineados políticamente con los EEUU, y al diablo con la opinión de los directamente interesados.

Es decir, para Nelson Manrique esos países no deberían ser juzgados ni calificados desde la ciencia política (o ninguna otra ciencia) por las acciones pro o anti democráticas de sus gobernantes (por ejemplo, el perseguir a la prensa opositora, cambiar las leyes en beneficio propio, arrasar con los otros poderes del Estado, etc.), sino por cómo son percibidos por sus pobladores y cómo se perciben ellos mismos. Todos los actos serían democráticamente legitimados si las encuestas son favorables.

Y como cada vez que la izquierda se pone súper indulgente con sus líderes más autoritarios, uno se puede permitir recordar al Perú de los años 90, cuando no solo los politólogos calificaban al gobierno de Perú como poco democrático, y lanzar un par de preguntas:

a) Si durante el largo gobierno de Fujimori, Perú hubiese sacado puntajes relativamente mejores que el promedio de los países de la región, ¿eso habría significado que Perú era un país más democrático que el promedio de sus pares?

b) Si durante el gobierno deFujimori, Perú hubiese obtenido mejores puntajes que los regímenes que lo sucedieron, ¿eso querría decir que Fujimori fue más democrático que sus sucesores?

Preguntas demasiado especulativas, dirán algunos. Pero felizmente, tenemos al mismo Latinobarómetro para respondernos:

Y entonces, ¡maldición!, uno se topa con datos que deberían preocupar a "los medios de comunicación y (el) grupo de politólogos, por lo general alineados políticamente con los EEUU": resulta que desde que se iniciaron las mediciones de Latinobarómetro, el mismísimo gobierno del grupo Colina, el golpe de Estado del 5 abril, la Constitución diseñada a la medida, la interpretación auténtica, la destitución de los miembros del Tribunal Constitucional, la corrupción de los medios de comunicación, las esterilizaciones forzadas y un largo etcétera, era un país políticamente más avanzado y democrático que el promedio de sus pares de la región.

Pero con el siguiente dato muchos van a terminar mesándose los cabellos hasta quedar como Ricardo Morán: pues no solo resulta que precisamente el año de la re-re-elección, la Marcha de los 4 Suyos, los vladivideos y la renuncia vía fax de Alberto Kenya Fujimori, es decir, el año 2000, los peruanos éramos más maduros políticamente y Fujimori más democrático que nunca, sino que la satisfacción con la democracia, la madurez política de los peruanos y el carácter democrático de nuestro país, etc., fue mucho más alta con Fujimori que con los democráticos gobiernos de Valentín Paniagua y Alejandro Toledo. Paniagua y Toledo habrían sido casi unos déspotas de acuerdo con los resultados de la citada encuesta durante dicho periodo. Los indicadores del Latinobarómetro para Perú recién empezaron a mejorar con Alan García, lo que convertiría a Fujimori y García en los presidentes más democráticos de los últimos 20 años, con una clara ventaja para Fujimori. Prácticamente los próceres de nuestra democracia.

Obviamente todas las especulaciones anteriores son tontera y media. Fujimori fue el presidente menos democrático de los últimos 20 años pese a lo que hayamos respondido los peruanos en las encuestas de Latinobarómetro, Ipsos-Apoyo, Datum o incluso a la encuesta de Alas Peruanas. La democracia no es un estado que se mide por su popularidad, ni la calidad democrática de un país puede ser determinada con sondeos de opinión.

Manrique termina la nota con una referencia al proceso de revocatoria de la alcaldesa de Lima, pero ni siquiera en ese momento se da cuenta de cómo esa democracia pebliscitaria que nos venden los gobiernos autoritarios (desde Fujimori, pasando por Chávez y Kirchner y llegando a Correa) como la única forma de democracia aceptable, termina siendo solo una coartada y un arma a disposición de quien tiene la sartén por el mango.  Para calificar a un gobierno de democrático o poco democrático no debemos recurrir a percepciones, sino a hechos objetivos, como los autogolpes de Estado, el tratamiento a la prensa, y los afanes re-re-eleccionistas. Y los hechos nos dicen, aunque a muchos les duela, que Correa es simplemente una versión corregida y aumentada de Fujimori, con quien comparte no solo los métodos, sino también la versión distorsionada de democracia:

xxxxx
Desarrollo de Sitios Web, Alojamiento en Internet