Notas de Halloween

¿KAROL WOJTYLA O JOSEPH RATZINGER? Y EL PREMIO AL PEOR PAPA ES PARA…

 

Benedicto XVI es sin la menor duda uno de los pontífices más piñas y desprestigiados de la historia. Fue denunciado en la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad, demanda interpuesta por una asociación de víctimas de sacerdotes pederastas; ha recibido el repudio de los principales medios de comunicación del mundo -con el New York Times a la cabeza- y la promesa de meterlo preso de parte del admirado Richard Dawkins. Parece que a Joseph Ratzinger el papado le ha venido produciendo más estrés y canas que la presidencia de los EEUU a Barack Obama. Y el rechazo no viene solo desde fuera de la iglesia: al interior de la institución no son pocas las voces que reclaman la renuncia del actual Papa, dada su aparente incapacidad para hacerle frente al descrédito sin precedentes que está sufriendo la Iglesia por, entre otras cosas, las denuncias de abuso contra menores. ¡Qué diferencia cuando uno piensa en el bonachón de Juan Pablo II! La idolatrada figura del recordado Papa peregrino (quien con la frase “el Papa es charapa” se metió al bolsillo a todo el Perú en los 80), ha llevado a que muchos lo consideren un verdadero santo. Para colmo de las odiosas comparaciones, contaba con una imagen, carisma y capacidad de convocar a las masas equiparables con los de una estrella de rock. Sin embargo, querido y engañado lector, es muy probable que la historia esté siendo demasiado injusta con Ratzinger y excesivamente benevolente con Wojtyla. (Este artículo apareció en la edición 45 de Dedomedio).

 

Ningún otro tema va a pesar tanto a la hora de evaluar el actual descrédito de la Iglesia Católica y sus más altos jerarcas, que la devastadora realidad de los curas depredadores sexuales. Y dicho problema ha sido tan frecuente y persistente al interior de la Iglesia Católica, que incluso hace más de medio siglo un sacerdote norteamericano, de nombre Gerald Fitzgerald, propuso como única solución el obligar a esos padres descarriados a dejar el sacerdocio y ser recluidos en una isla desierta (algo así como nuestro “llévenlos a Chayapallca”). En una carta de 1957 dirigida al Arzobispo de Manchester, Fitzgerald le dice: “Estos hombres (curas que han intentado seducir a niños o niñas) son demonios, la ira de Dios está sobre ellos, y si yo fuera un obispo, temblaría por haber fallado en obligarlos a dejar el sacerdocio. Es para esta clase de serpientes de cascabel que yo desearía recluirlos en una isla desierta, pero incluso una isla sería demasiado buena para aquellos (…) que no deberían haber nacido”. Fitzgerald fue incluso un poco más allá, y pagó $ 5,000 de su propio bolsillo para construir una especie de retiro forzado (más parecido a una cárcel) en una isla del Caribe, en la que se recluiría a los sacerdotes pervertidos. La propia sede de su orden en Jemez Springs, Nuevo México, era considerada una especie de centro penitenciario para sacerdotes.

 

Lamentablemente, Fitzgerald, quien fundó la orden de los Siervos de Paracleto para ayudar (y recluir) a sacerdotes con problemas de alcoholismo, drogadicción y de rechazo al celibato –y que luego se vio forzado a admitir bajo su cuidado a sacerdotes pederastas- fue calificado de excéntrico y sus propuestas de exageradas. La Iglesia nunca aceptó su tajante conclusión de que un sacerdote que intentaba abusar de un menor nunca más debería ser admitido pues, sostenía Fitzgerald, dicho cura jamás abandonaría su perversión. Su posición cerrada en este tema contrastaba con la benevolente y permisiva actitud de la jerarquía eclesiástica, que se conformaba con cambiar de jurisdicción a los depredadores sexuales y luego mirar a otro lado. “Me sorprende descubrir cuán frecuentemente se confía la cura de las almas a hombres que, de no ser sacerdotes, estarían tras las rejas”, escribió exasperado a sus superiores, quienes continuaban con la política de hacerse los locos con los casos de abusos a menores. De más está decir que por protestas como ésta, Fitzgerald fue obligado a dejar la orden y perdió el poder del que alguna vez gozó en la Iglesia Católica.

 

La abundante correspondencia entre Gerald Fitzgerald y la jerarquía eclesiástica fue ocultada por décadas (“los asuntos sexuales de los sacerdotes en EEUU se guardan con más celo que la información clasificada de la Defensa Nacional”, dijo irónicamente alguna vez el sacerdote franciscano Emmet McLoughlin), hasta que hace algunos años se logró que se haga pública para demostrar, en los litigios entablados por víctimas de curas pedófilos contra la Iglesia, que estos problemas eran conocidos y deliberadamente y sistemáticamente escondidos.

 

El caso contra Benedicto

A inicios del 2010, dos de los cerebros más celebrados en el mundo de la ciencia y las ideas, Richard Dawkins (quien escribió The god delusion) y Christopher Hitchens (autor de Dios no es bueno), se propusieron lograr el arresto de Benedicto XVI durante la visita que el Sumo Pontífice haría en setiembre de ese año a algunas ciudades británicas. “Es un hombre cuya reacción instintiva cuando pillan a uno de sus curas con los pantalones en los tobillos es encubrir el escándalo y maldecir a las víctimas con el silencio”, dijo al respecto Dawkins; mientras que Hitchens recordó que “la ocultación institucionalizada de la violación de menores es un delito conforme a la Ley y demanda no ceremonias privadas de arrepentimiento o pagos por parte de la iglesia, sino justicia y castigo”. El intento no prosperó, pero el blanco ya había sido fijado. “Joseph Ratzinger es un enemigo de la humanidad. Es un enemigo de los niños cuyos cuerpos ha permitido sean violados y sus mentes sean llenadas con culpabilidad. Es vergonzosamente claro que la iglesia está menos preocupada por salvar los cuerpos de los niños de los violadores, que por salvar las almas de los sacerdotes del infierno”, espetó Dawkins tras la visita papal, mientras que Hitchens –quien falleció de cáncer en diciembre del 2011– lamentó no poder vivir lo suficiente como para ver la muerte de “ese anciano criminal que es Benedicto XVI”.

 

Y el martes 13 de setiembre del 2011, los miembros de la Red de Supervivientes de Abusos por Parte de Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés) de Alemania, Bélgica, Holanda y Estados Unidos, así como otros líderes de organizaciones defensoras de los derechos humanos, presentaron una demanda ante la Corte Penal Internacional de La Haya, acusando a Benedicto XVI y los cardenales Tarcisio Bertone, secretario del Estado Vaticano, su predecesor Angelo Sodano y William Levada, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, por haber “tolerado y hecho posible el camuflaje sistemático y extenso de violaciones y crímenes sexuales contra niños en el mundo entero”.

 

La revista alemana Der Spiegel se refirió al “fallido papado de Benedicto XVI” y planteó su posible renuncia, mientras que el New York Times ha publicado diversos informes de abusos contra menores en los que acusa a Ratzinger de ocultar sistemáticamente las denuncias y no sancionar a los sacerdotes pedófilos. El diario neoyorquino acusa directamente a Benedicto XVI de haber ignorado la denuncia de 1996 que presentó el arzobispo Rembert G. Weakland de Milwaukee, cuando Benedicto era Jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe, contra el sacerdote Lawrence C. Murphy, acusado de haber abusado sexualmente de unos 200 niños en la escuela para sordos de Saint John, en el estado de Wisconsin, entre 1950 y 1974. También lo acusa de haber permitido el traslado en 1980 del sacerdote Peter Hullerman, de la congregación de Essen a la de Munich, pese a que ese cura estaba acusado de haber violado a por lo menos 3 niños. Gracias a ese traslado, el sacerdote pudo entrar nuevamente contacto con los niños y volver a las andadas. En 1986 fue encontrado culpable de abusar sexualmente de varios menores en una parroquia de Baviera.

 

“¡Que pase el desgraciao!”

¿Cómo no señalar de inmediato a un Papa que, en contraste con esa imagen de Santa Claus afeitado que tenía Juan Pablo II, ha sido más bien comparado con el emperador Palpatine, Señor Oscuro de los Sith de La guerra de las galaxias?

Comparar esta imagen que tenemos de Benedicto XVI...

...con esta otra que tenemos de Juan Pablo II...

Sin embargo, los defensores de Benedicto XVI, y algunos periodistas más acuciosos, afirman que la historia no es como nos la han contado. El cardenal de Austria, Christoph Schoenborn, afirmó ante la BBC de Londres que cuando Ratzinger, como jefe de la Congregación de la Doctrina de la Fe, se empeñó en investigar y sancionar los casos de los curas pedófilos, se chocó con el más elevado cerco que pudo encontrar al interior de la Iglesia Católica: el mismísimo Papa Juan Pablo II. El cardenal de Austria puso como ejemplo al arzobispo de Viena, el cardenal Hans Hermann Groer, implicado en múltiples denuncias de pederastia durante la década de los 70, a quien Ratzinger le puso el ojo inquisidor, pero ante la directa intervención del Papa peregrino, tuvo que abandonar el caso.

 

El periodista del The New York Times, Ross Douthat, recuerda otro caso en el que Juan Pablo II fue también un elemento perturbador para las investigaciones. Fue en la investigación de las denuncias contra su entrañable amigo, el cura mexicano y fundador de la orden de los Legionarios de Cristo, Rvdo. Marcial Maciel, acusado de pederasta en 1997, y con más de 20 víctimas en su haber, todos seminaristas, en un lapso de 40 años. De Maciel, se supo después, que era un verdadero monstruo. Llevaba una vida doble, llegó a tener hijos, fingiendo ser un empresario y usando otro nombre, y a dos de sus vástagos los sometió a toda clase de abusos sexuales, tal como ellos mismos, ya de adultos, denunciaron ante la prensa mexicana.

 

En una muy detallada investigación, Jason Berry, del National Catholic Reporter, descubrió el por qué de tanta consideración del “Papa Charapa” con la bestia depravada de Maciel: un patrimonio de más de 25 millones de euros, que le permitían hacer una enorme (y lubricante) contribución económica a la iglesia y a los integrantes del círculo más próximo a Juan Pablo II, producto de su estrecha vinculación con los sectores más pudientes de México (entre los que se encuentra Carlos Slim). El objetivo era evitar cualquier tipo de sanción por las denuncias que ya eran imposibles de frenar. Solo Joseph Ratzinger tuvo la suficiente integridad como para jamás aceptar dinero de Maciel: “En 1997 (Ratzinger) dio una conferencia sobre la teología a los Legionarios. Cuando un legionario le entregó un sobre, diciendo que era para su uso caritativo, Ratzinger lo rechazó. ‘Era duro como una roca, aunque de una manera muy cordial’, dijo un testigo”, refiere como ejemplo Berry en su investigación.

 

Pero la acción más osada de Joseph Ratzinger ocurrió en el 2004. Pocos días después de que Juan Pablo II, en abierto desafío y escarnio hacia las víctimas de Maciel, decidió honrar a los Legionarios en una ceremonia en el Vaticano, el futuro Papa reabrió la investigación en contra de Marcial Maciel. Tras la muerte de Juan Pablo II y ya envestido como Benedicto XVI, desterró a Maciel a un monasterio, lejos del contacto de la ciudadanía y los niños, aunque anuló las investigaciones en su contra justificando el acto en la avanzada edad de Maciel. Y aunque para los seres humanos no contaminados de fanatismo religioso, la benevolencia de Benedicto resulta escandalosa, al interior de la iglesia lo escandaloso era castigar a un hombre que había aportado tanto a la fortuna del Vaticano.

 

¿Persiguiendo al Papa equivocado?

Ross Douthat cree que el carisma y el encanto de Juan Pablo II le valieron la indulgencia del mundo entero, a pesar de que, como ya ha sido demostrado por diversos periodistas e investigadores, ya sea por interés, por evitar el escándalo o por amistad, fue él quien protegió a muchos de los más depravados depredadores sexuales con sotana de los que se tiene memoria. Por el contrario, la cara de villano de Benedicto XVI queda perfecta para tener a quien culpar del desprestigio de esta rancia institución, a la que ahora, más que nunca, se le notan las costuras. A la pederastia se suman las críticas por la posición de la iglesia en torno a la discriminación contra las mujeres en la jerarquía eclesiástica, la conveniencia del celibato, el tratamiento a los homosexuales, y en general un conservadurismo que termina por alejar a gran parte de los fieles.

 

Y aunque Ratzinger está lejos de haber tenido una postura tan valerosa y tajante frente a los curas pedófilos como la del reverendo Gerald Fitzgerald, es innegable que desde su rol como inquisidor hasta su actual papado, dio pasos firmes (empezando con pedir disculpas a las víctimas y prometer sanción para los pederastas) para combatir ese mal que su predecesor, con todo y beatificación a cuestas, nunca tuvo el coraje de dar (o más bien, tuvo la perversidad de proteger a los depredadores sexuales).

"Tú no has visto nada..."

 

Así que finalmente debemos coincidir con la conclusión de Douthat, quien asegura que “por inverosímil que parezca hoy, Benedicto XVI todavía puede merecer ser recordado como el mejor Papa”. Bueeee… tal vez eso sea un poco exagerado. Digamos simplemente que es el menos malo.

PEPE VILLAORDUÑA
Periodista con pretensiones de cocinero. Sé preparar tallarines verdes, crema de zapallo y asado de osobuco con puré. Una vez mandé a cinco personas (incluido yo) al hospital por un plato mal preparado. De eso hace muchos años. Espero haber mejorado desde entonces.
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