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LA ENCUESTA DEL NO PODER

Por: Dedo Medio | November 9, 2011 - 8:47 pm

Sumándonos a la saludable tradición de poner una escala sobre los egos de ese jet set de los feos que es el mundo de la política, la prensa y el empresariado, Dedomedio lanza desde este año su “Encuesta del No Poder”. En contraste con emprendimientos similares que buscan elevar la autoestima de quienes la tienen ya bastante sobrevalorada, este sondeo pretende por el contrario hacer escarnio de aquellos que creían que estaban invitados al tono de los supremos y no pasaron de la puerta. Es nuestro “¡Ha-ha!” con dedo índice humillante a lo Nelson Muntz (el implacable bully de la serie animada Los Simpsons).

La iniciativa busca identificar a aquellos que se creían poderosos, o a quienes el imaginario popular ubicaba como tales, y la realidad terminó más bien mostrándoles, previo portazo en la cara, que sus decisiones afectan tanto al resto del país como un french poodle histérico puede afectar a un alambre de púas. Ojo, la presencia en esta lista no es un indicador de que se carezca de todo tipo de poder: significa simplemente que no se tiene la clase de poder que se creía o quería tener.

En defensa de los seleccionados, y para poner en su real dimensión la relevancia de esta lista, diremos que, contra lo que nos quiso hacer creer ese ya bastante rancio revolucionario con pinta de villano conocido como Lenin, incluso el poder es ilusión. Peor aún, el poder es la más grande y fraudulenta de las quimeras. Así que relájense y tómenlo con humor, que al final de cuentas, es nada lo que creen haber perdido.

Nota técnica: la presente encuesta ha sido realizada entre un selecto grupo de politólogos, antropólogos, sociólogos, opinólogos, otorrinolaringólogos, periodistas, taxistas y taxidermistas. 

1. Alan García. Si el poder del presidente se midiese en función de su masa gravitatoria, Alan García sería, de lejos, el mandatario más poderoso de toda nuestra historia. Tal vez pensando en eso se atrevió a afirmar, frente a otros presidentes de la región que “en Perú el presidente tiene un poder: no puede hacer presidente al que él quisiera, pero sí puede evitar que sea presidente quien él no quiere. Yo lo he demostrado”. Lo único que consiguió demostrar es que su máximo poder sobre el destino del Sillón de Pizarro, consiste en desgastar prematuramente los resortes del mismo.

2. Hugo Chávez. Nadie sabe para quién trabaja. Ollanta Humala no sería quien es hoy sin el apoyo monetario que recibió del líder bolivariano durante el último quinquenio. Pero la billetera más gorda la tiene Brasil (ahora que las finanzas venezolanas están arruinadas por las políticas socialistas del Siglo XXI) y el acercamiento de los Vargas Llosa al entorno humalista, han terminado por reducir a su mínima expresión la influencia del ahora convaleciente (y ojalá de salida) líder chavista en el Perú. Chávez no pudo mantener la influencia de sus asesores españoles, que se quedaron tirando cintura.

3. Isaac Humala. Pese a que hizo de todo por hacerle paporretear su receta etno-cacerista-racista-estrambótica a un infante Ollanta Humala mientras le daba sus papillas de zapallo, no consiguió imponerse al cálculo de Nadine Heredia, quien alejó al ex nacionalista de la malas influencias paternas. Que haya sido enviado a Cuba durante la campaña para mantenerlo escondido debería hacer temer al viejo Humala que ya le estén buscando un lugar en el asilo Canevaro.

4. Jaime Bayly. Creyó que era suficiente repetir hasta el cansancio el nombre de Ollanta Humala en la especie de videoblog que condujo por América TV, gracias a una bolsa organizada por un grupo de empresarios mineros, para influir en los resultados de la campaña electoral. Y es que alguien le hizo creer (lo mismo que a sus patrocinadores), que fue su decidido apoyo a Susana Villarán lo que determinó el ascenso de la tía regia al municipio limeño. Apenas conocidos los resultados de la segunda vuelta presidencial, sus empleadores lo invitaron amablemente a irse al carajo, cuando solo había sacado al aire 5 de los 13 programas comprometidos.

5. Aldo Mariátegui. No aprendió que las portadas de lobo disfrazado de oveja (utilizada tanto para retratar a Susana Villarán como a Ollanta Humala) eran demasiado primariosas como para ser tomadas en serio. Siendo, junto con Chichi y Fritz lo más grandes opositores de la elección de candidatos izquierdistas, Aldo debe estar recibiendo terapia para soportar los próximos cinco años sin suicidarse. O rezando por la oportunidad de reeditar sus portadas lobunas.

6. Chichi Valenzuela. Se pasó los últimos cinco años advirtiendo a quien quisiera escucharla que las FARC, Sendero Luminoso y el MRTA juntos tomarían por asalto el país para implantar una dictadura comunista, de la mano de Ollanta Humala. Con ese mismo discurso (además de algunos videos editados y mentiras armadas) logró que metan presa durante algunos meses en un pabellón de máxima seguridad a una chibola cuyo mayor delito fue ser algo despistada. Felizmente, sus teorías conspirativas solo son escuchadas por unos cuantos empresarios conservadores que aún la siguen.

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