Resaca, malagueña, cruda, caldero, o como sea que la llames, si tomaste en exceso estás frito, la sufrirás. Los efectos pueden ser diferentes, pero todos son indeseables y te atacarán sin compasión. Como sabemos que la mejor manera de combatir a tu enemigo es conociéndolo, aquí te damos algunos datos y concejos para que después del gusto, no sea tan terrible el disgusto.
El dolor de cabeza de la resaca es una forma secundaria de migraña. La ingesta de alcohol produce dilatación en los vasos sanguíneos, deshidratación de las arterias meninges y disminución de la glucosa en el organismo. Así, si eres alcohólico puedes decir que sufres de migraña crónica para que suene mejor.
No creas que orinando más te librarás de la resaca. Del total de alcohol que consumes, solo el 10% se elimina a través de la orina, saliva, aliento, sudor y leche en el caso de quienes amamantan (imagina el ponche que beberán los lactantes). El 18% se absorbe a través de las paredes del estómago y el 72% restante en el intestino delgado, por lo que el 90% del alcohol que bebes es procesado por el hígado.
La principal encima hepática que se encarga de convertir el alcohol en una sustancia inocua es la deshidrogenasa (ADH). La velocidad a la que se metaboliza depende de la concentración de ADH en el organismo, más alta en hombres que en mujeres. La mujer promedio necesita de cuatro tragos para terminar con resaca, mientras que el hombre promedio necesita seis. Por eso ellas son más pollo.
El alcohol es difícil de absorber por el organismo (este va a tratar siempre de expulsarlo), pero al diluirlo en agua la absorción se facilita y en el caso de bebidas carbonatadas (gaseosas para los ignorantes) la distribución a tu organismo será como el servicio premium de un courier. Para desacelerar esta absorción, se recomienda tomar leche.
Con el estómago vacío el organismo absorbe cuatro veces más fácil el alcohol. Si éste está lleno, en especial con carbohidratos y grasas, se ralentizará el paso al intestino delgado. No seas roña y come algo antes de la juerga. Si esperas a hacerlo cuando ya estés empilado, podría ser demasiado tarde.
El alcohol que te chupaste inhibió la función de la hormona antidiurética; por eso orinaste más líquidos de los que deberías, causándote deshidratación. Tienes que tomar más bebidas rehidratantes que maratonista olímpico. Si el bolsillo no te da para comprarlas, caballero nomás: agua de cañaveral.
Estudios realizados por la Research Society on Alcoholism determinaron que las bebidas alcohólicas oscuras, contienen niveles más elevados de congeners (subproductos químicos del proceso de la fermentación) que las de colores claros; lo que explica que el vodka y la ginebra provoquen resacas menos fuertes que el vino tinto y el whisky. Racismo alcohólico que le dicen.
La sensación de alivio que provoca “cortar” la resaca –y el dolor de cabeza– con un trago de alcohol es solamente momentánea. Se produce por el efecto vasodilatador del alcohol en la sangre. Pero ojo, recuerda que más tarde la resaca volverá a aparecer… ¡y peor!
Según el cuerpo envejece, la cantidad de agua en el cuerpo y de la enzima deshidrogena (ADH) disminuyen. Por lo tanto, con las mismas cantidades de alcohol, un joven tendrá menor concentración alcohólica que un viejo, y mucha mayor capacidad de metabolizar el alcohol. Las crudas maduran con los años. Aprovecha antes de que se te venza la garantía.
En resumen, ¿cómo se manifiesta la resaca? Acidez: el bicarbonato de sodio te ayuda a evitarla, así como el malestar estomacal; desbalance electrolítico: el cloruro de sodio y el potasio te permiten recuperar dicho balance; fatiga como consecuencia de la pérdida de azúcares: os puedes recuperar ingiriendo dextrosa; y finalmente, la vitamina C te ayuda a eliminar el alcohol en el organismo. ¿Cómo haces para ingerir todo eso en medio de la resaca? Ahhhh, ahí está pues, tómate dos pastillas efervescentes de Kind Recover, que tiene todo eso pensando justamente en curarte de la cruda.
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