
La verdad es que en Dedomedio fuimos de los primeros en criticar la contratación de Luis Favre. Nos parece un tipo oscuro, sobrevalorado, y evidentemente sobre pagado: $150,000 por dos meses de chamba en una campaña para remontar la imagen negativa de la actual gestión (en cierta medida ganada a pulso, hay que decirlo), parecía cosa de desesperados. Pero he aquí que apenas unos días después de que el oscuro personaje que nació con el nombre de Felipe Belisario Wermus arrancase su trabajo, ya todos los que forman parte de alguna red social están hablando de la campaña del NO.

La primera reacción fue bastante crítica. Perú21, por ejemplo, denunciaba lo millonaria y aparentemente poco efectiva de la campaña, y sustentaba la denuncia en declaraciones del publicista Carlos Raffo:
El excongresista y publicista Carlos Raffo dijo a Perú21 que esta publicidad “es demasiado regia” para Susana Villarán si busca el voto de los conos. Para Raffo, Villarán está “botando la plata” porque el apoyo de figuras públicas no la ayudará a obtener ni un punto a favor para que se quede en Lima.
Especialistas en comunicación calificaron la campaña no solo de un error, sino de ser un horror:
Cuál ha sido la respuesta de los estrategas de la campaña por el NO, unos carteles que se parecen a los que ponen Ripley o Saga para sus promociones. Estas piezas de comunicación no generan ningún tipo de interacción con el público. Algo que sí tienen los taxistas que pueden discutir sus argumentos con los votantes. Los partidarios de la Alcaldesa se ha quedado todavía con la idea del marketing del siglo pasado, carteles enormes, volantes callejeros repartidos por militantes.
La reacción del SÍ fue tratar de voltear la campaña, asociando el NO con ideas negativas, como las siguientes:


O simplemente buscando ridiculizar la campaña:



Sin embargo, lo que al final se terminó consiguiendo es que la campaña se viralizara. “Nadie” ha podido evitarla, “todos” la comentan, “todos” tienen algo que decir respecto al NO, en resumen, “todos” tenemos presente el NO. Y todo (acá sí sin comillas) lo que se ha hecho para contrarrestar la campaña de los carteles solo ha conseguido aumentar su viralidad.
Las comillas no son casuales. ¿Quiénes son esos “todos”? Es decir, si esa era la idea genial de Favre, ¿acaso no se estaría repitiendo el mismo error que cometió la campaña de PPK en las presidenciales del 2011, al creer que el mundillo de Internet y las redes sociales reflejaba al Perú? Al respecto, una nota de Perú Económico decía lo siguiente:
En resumen, más allá de que la penetración de Internet ya bordee el 30% en el país, esta segunda vuelta no parece verse afectada estructuralmente por el uso de redes sociales y otros medios alternativos, como sí ocurrió en la elección de Obama en Estados Unidos. Pero tampoco es un canal que pueda decirse que no cuente: acaso se esté asistiendo a los pinitos de lo que en un futuro no muy lejano será la forma más directa y efectiva de hacer política.
Ajá. Pero siempre hay un pero. Los que dicen que una cosa es tener una campaña exitosa en redes sociales, pero otra cosa es Lima, tal vez estén cayendo en el mismo error en el que se cayó en el 2011 (aunque en un sentido inverso), y ese error es olvidarse que ni el Perú es Lima, ni Lima es el Perú. Es decir, lo que puede ser inútil o no válido para una campaña nacional, dado que la penetración total de Internet en todo el país no llega al 20% (no el 30% que señalaba Perú Económico), tal vez sí sea efectivo y válido en una campaña municipal, como es este proceso de revocatoria en la ciudad de Lima.
Solo recordemos el dato producido por una encuesta de Arellano Marketing: 53% de la población de Lima usa Internet. Más de la mitad de la población que participará en el proceso de revocatoria no es moco de pavo.
Si queremos más precisión (la campaña se ha difundido principalmente vía Facebook), a ese dato podemos sumarle otros, extraídos del Perfil del usuario de redes sociales 2012, de Ipsos-Apoyo, a saber:
-La penetración de redes sociales (respecto del total de Internautas) en Lima es de 79%.
-98% de usuarios de redes sociales en la Lima urbana está en Facebook.
Y si cruzamos las cifras (población de Lima que usa Internet y que usa Facebook), tenemos que el meme del NO podrían estar llegando a más del 41% de la población limeña (más los usuarios de otras redes sociales). Increíblemente, en gran parte gracias a los promotores del SÍ, que ayudaron a viralizar la campaña.
Cierto que gran parte de ese 41% estará conformado por los núcleos duros del SÍ y del NO, que no piensan cambiar su intenciones de voto aunque les paguen (las galletas y fideos solo consiguen firmas, no votos), pero de seguro también habrá indecisos entre los usuarios de redes sociales en Lima. Cierto también que seguimos concentrados en los NSE A, B y C. “Pero bueno…”, dirá el amigo Felipe Belisario, “por algún lado teníamos que comenzar”.
En fin, la conclusión es que Favre podría tener algo (solo algo) del genio propagandístico que muchos le atribuyen, aunque es todavía demasiado temprano para decirlo. Lo de ahora puede ser calificado a lo sumo como un buen comienzo, y habrá que ver cómo evoluciona la campaña para confirmarlo.
P.D: Otros expertos en redes sociales han destacado como elemento principal, y más efectivo, la segunda parte de la campaña, es decir, la de el spot que apela a la sensibilización de la población con un caso trágico como el de Ivo Dutra:
Dice el blog Café Taipá:
“A las pocas horas de haber servido este Café, se ha lanzado el primer spot de la campaña por el NO, con la firma del asesor Luis Favre. Como ya habíamos dicho, el siguiente paso tenía que darse pronto y de manera más contundente. De hecho es un mensaje que impacta, y seguro que vendrán más. De todas maneras, Susana Villarán deberá tener el rol protagónico y videos como el que vemos pueden asentarle bien el camino. Estaremos atentos”.
Es una jugada bastante arriesgada la de apelar al sufrimiento de una madre que ha perdido a su hijo, aunque el caso ejemplifica bien una parte de lo que se puede estar jugando en este proceso. Solo queda esperar a ver las reacciones del respetable.
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