De la noche a la mañana pasamos del “Susana no hace nada” al “Susana es racista”. ¿Cómo así? De maneras que ni un sobrevalorado estratega brasilero podría imaginar.
La verdad es que sí, qué desatinados los conductores de la campaña por el “No” para elegir como su vocera a una mujer con los chicotes cruzados como Claudia Dammert, y encima cometer el dislate de mandarla al programa de Beto Ortiz a dar la réplica al vocero del “No”, pues ahora resulta que la campaña para impedir que la revocatoria prospere es en realidad una campaña de blanquitos pitucos que cholean a los pobres, victimizados y autóctonos revocadores, es decir, lo que han venido sosteniendo personajes como Marco Tulio y Mauricio Mulder.
Y como señalamos, Claudia Dammert encima aparece entrevistada inmediatamente después de la entrevista que le hace Ortiz a Marco Tulio Gutiérrez, es decir, venía a ser la contraparte que todo programa periodístico que se precie de objetivo debía presentar. Un representante del “Sí” y una del “No”. Lo justo varón.
Lo malo es que la vocería de Dammert en la campaña por el “No” no existía antes de presentarse en dicho programa. Tal vez Claudia Dammert acudió al matutino que conduce Ortiz pensando que publicitaría su obra “Psicomedia”, que reestrena en febrero, pero terminó provocando la más masiva manifestación de repudio que debe haber recibdo en su vida.
La pregunta es: ¿cómo $#”@rda se convirtió la Dammert en vocera del “No”, entonces? Parece que a propuesta de su entrevistador, Beto Ortiz, como se puede ver al inicio del siguiente video:
Si te da flojera ver el video, el diálogo lo reproducimos acá:
–Claudia, quizás tú podrías ser una de las voceras del No. Estuvo la semana pasada aquí Anel Towsend, que es un poco el rostro de la campaña, pero con todo cariño con Anel, tú tienes mucha más llegada, experiencia ante cámaras, eres más dicharachera, más divertida, ¿por qué no te vuelves tú el rostro del NO?
–Bueno, justamente creo que habemos muchos rostros y distintos rostros. Estoy acá porque tú sientes que yo puedo ser una vocera. Porque esta tarde iba a estar en Villa María del Triunfo, va a haber una reunión de mujeres lideresas en Villa María del Triunfo, me han invitado, va a estar Susana Baca, van a estar otras mujeres lideresas, y sienten que soy una buena eh… vocera de lo que sentimos la gente que realmente amamos esta ciudad.
–Es gracioso que se haya extrapolado el Sí y el No en términos de quién es pituco y quién no es pituco, porque en el lado del Sí hay gente que tiene un huevo de plata, ¿no? O sea, no es que son los pobres…
–Pero es que no son pitucos. Tienen un huevo de plata, no tiene nada que ver…
–Ah, no es lo mismo…
–No… cucuchi darling, qué te pasa. Los nuevos ricos no, esos son horrorosos…
Y listo. Ahí se terminó todo. No más “¡Haga algo, señora Villarán!”, en adelante será: “Acaso no fueron los blancos venidos de España, que nos dieron muerte por oro y por plata“. Las disculpas y el “rewind” no tendrán el más mínimo efecto después de esta nueva muestra de cómo conseguir “los titulares de mañana en la mañana de hoy”. Lo sentimos “cucuchi darling”, quedaste como una zopenca discriminadora. Y ojo que no hay nada de qué culpar a Beto Ortiz. Un periodista no está para hacer quedar bien a nadie, sino todo lo contrario. Si puedes sacar lo más despreciable de tus invitados (como los clásicos y celebrados “Nosotros matamos menos” y “Contra su voluntad, sin su voluntad“), pues bien hecho, ahí está la noticia y a llorar al río Rímac.
Obviamente que Beto sabía qué podía sacarle a la Dammert. Hace tres meses más o menos, en otro encuentro entre Ortiz y Dammert, tocaron el tema de la pituquería y la tía se desató con su muy graciosa forma de discriminar y mirar por encima del hombro a los que no son “aristócratas” como ella:
http://www.youtube.com/watch?v=idn1MmxyQ48
Inolvidable este segmento:
–Tus personajes de pitucas son inovidables. Siempre has hecho unas pitucas fantásticas, pero tú no eres pituca…
–Nací en San Isidro, me eduqué en el Villa María, estudié en el college más refinado de EEUU. Pituca soy my darling. Pituca soy y no me compadezcas.
Eso era. Después de poner al poco carismático y trigueño Marco Tulio, qué mejor que una desbordada pituca. Done.
Pero insistimos: para hacer quedar bien a los miembros de uno u otro bando, están los relacionistas públicos, no los periodistas. Beto hizo, con esa habilidad que demuestra cada vez que tiene un objetivo fijo en mente, lo que le tocaba hacer. Solo lamentamos que en los más de 50 minutos que duró su poco cafeínica entrevista con Marco Tulio Gutiérrez, no haya tenido la misma suerte. Una lástima.
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