Los skinny jeans, las pashminas, y las comillas pasaron por su momento más irónico el 21 de julio, cuando en la capital de Alemania se realizaron las Olimpiadas Hipster 2012, el acontecimiento más pretencioso del año. Cuidado atletas de verdad, los hipsters tienen la gran habilidad de lograr hacerlos pensar que la ocupación de ustedes no tiene ningún valor y que de alguna manera está ayudando al crecimiento de la hambruna en África.
Este acontecimiento, cuyo único y aparente propósito es que estos muchachos se levanten al menos una vez al año antes del mediodía, reunió a 6,000 hipsters de todo Berlín, participando en nueve competencias diferentes, mientras pretendían que no les interesaba ganar.
Gigantes cámaras fotográficas semi profesionales documentaron el evento, mientras las primicias no se hicieron esperar en Twitter y Facebook a través de nobles dispositivos anticorporaciones como el iPhone y el iPad –o, como yo le llamo, el iPhone grande.
Entre las actividades de estas olimpiadas destacaron la competencia de pasar la pica-pica, seguida por la carrera en bolsos de yute –porque el costal de papas es muy popular–, y finalmente, el infaltable “dale vuelta al disco de vinilo”. Luego de estos arduos esfuerzos, los concursantes se refrescaron con algún tipo de café orgánico o alguna bebida con la palabra “chi” en el nombre, y se relajaron leyendo En el camino y debatiendo el último ensayo de Noam Chomsky -ok, tal vez no fue exactamente así, pero imaginamos que pudo pasar. O tal vez esto.
Entre lentes gigantes y sin prescripción y sintetizadores, estos hipsters celebraron una subcultura que nadie entiende, entre música que a nadie en realidad le gusta y con comida que ningún cuerpo procesa. ¡Muéranse hipsters! Porque vivir es muy mainstream.
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