
“Frente a un mal hombre con un arma de fuego no hay nada mejor que un buen hombre con otra arma de fuego listo para matarlo”, menuda frase del vicepresidente de la Asociación Nacional del Rifle (ANR) de los Estados Unidos luego de la segunda mayor matanza en una escuela del país y que ha puesto en la agenda, una vez más, la facilidad para el uso de armas de fuego.
Los gringos siguen creyendo que la solución a la ola de violencia es ésta: armarse para poder defenderse mejor. Ojo por ojo, diente por diente y bala por bala. Prefieren comprar mochilas antibalas para los niños que exigirle al gobierno políticas más restrictivas para las ventas de armas. De hecho, en Utah y Kansas está permitido que los maestros porten armas en las instituciones educativas y lejos de quedarse ahí, se les enseña a manipularlas en clases gratuitas.
Entonces ¿qué puede hacer el gobierno norteamericano para ir contra una de las industrias más poderosas del mundo? La Asociación Nacional del Rifle (ANR) ha advertido que le declarará la guerra a Barack Obama si es que éste osa limitar el derecho de los ciudadanos a portar armas.
El argumento esgrimido por los defensores de armas para portarlarlas es la Segunda Enmienda de la Constitución, que dice: “Siendo necesaria una milicia bien regulada ara la seguridad de un estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas, no será infringido”.
Cambiar esa enmienda es una tarea casi titánica. Así que por el momento, la cosa está bien yuca. Adquirir un arma en Estados Unidos es tan fácil como entrar a Internet. Sí, porque aparte de que la puedes fabricar tú mismo y comprar a la vuelta de la esquina, ahora puedes obtenerlas gracias a una impresora 3D. Solo debes descargar el patrón y enviarlo a imprimir.
Según escribió Philip Bump en The Atlantic, existe un factor que hasta el momento ha pasado desapercibido. Para frenar el uso de armas, la única solución no es prohibirlas, sino también regular las balas. ¡Qué genial! ¿Por qué a nadie se le había ocurrido? Hacer balas es mucho más complicado. de crear por la pólvora que se debe utilizar como carga propulsora.
Según apunta, mientras que los intentos de eliminar las armas en las calles son incalculablemente lentos y requieren de mucha mano dura, poner freno a la capacidad de comprar municiones sería una disminución natural del arsenal que queda. Cuando una bala es disparada, se ha perdido para siempre. Para que tengas una idea de qué tan fácil es obtenerlas, James Holmes, el asesino que irrumpió en una sala de cine de Colorado, compró 6 mil disparos en línea antes de perpetrar su crimen en Aurora, Colorado.
Y es que si bien la enmienda citada líneas arriba protege el derecho a poseer armas, no dice nada acerca de las municiones. Quizás estos truquitos legales puedan servir para disminuir el uso de armas. Si no, solo les quedará a los gringos comprar mochilas antibalas para todos.
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