A finales de los 60, los adolescentes peruanos tenían las mismas dudas existenciales que los de ahora. “¿Por qué me tenía que salir un grano justo hoy?”, “¿Cómo hago para pelarme el carro de mi viejo?”, “¿En qué momento se jodió…”, bueno, en realidad esa era tal vez una diferencia: el Perú, y especialmente un barrio particular de La Punta en el año 68, parecían una sucursal del sueño americano. Entonces era posible enamorarse y ser rebelde escuchando rock, sin el menor atisbo de culpa. El cineasta Gonzalo Benaventese ha propuesto llevar a la gran pantalla los enredos sesenteros de un grupo de chibolos fanáticos de rock, justo antes de que el golpe velasquista les quitara la inocencia.
Cuando Gonzalo Benavente era apenas un crío al que le daba pereza sonarse los mocos, su máxima diversión era escuchar rock. No importaban el lugar, el volumen o la hora que fuera. Sentía que la música existía solo para él y que él estaba solo para ella. Años después, mientras cumplía con su trabajo de productor periodístico de Mesa de Noche en Plus Tv y se adentraba aún más en el mundo de los cortometrajes y el teatro, intuía que en esa relación entre la adolescencia y el rock había una película, aunque todavía no podía vislumbrarla completa.
El rompecabezas terminó por armarse a partir de su fascinación por la movida inaugural del rock peruano durante la década de los sesenta, tema hasta la fecha no abordado por el cine local; y luego de un paseo dominguero por La Punta junto a su novia, en el que descubrió en ese distrito añejo, encallado en una protuberancia de la costa limeña, “una onda sesentera, una Lima de otro tiempo”. Una “Lima en Rock”.
“Se me ocurrió que podría ser divertido contar una historia de esos ritos de adolescentes iniciáticos, cuyos lazos de amistad se marcan para toda la vida. Los primeros tragos que te metes con los patas, la primera chica que te gusta, la primera choteada, las primeras escapadas a los lugares donde no te dejan ir (…) y me pareció también que esa historia calzaba de manera muy natural a fines de los años 60 (…) en ese último momento de adolescencia del Perú, cuando vivíamos una época de aparente tranquilidad y donde todo era rock and roll. Algo que se quebró después con el golpe de Velasco en el 68”, cuenta Gonzalo.
Así surgió Roncanrol ’68, la historia de tres adolescentes que viven en La Punta, amantes del rock y que juegan a ser adultos, en uno de sus últimos veranos inocentes, cuando todavía se podía hablar sin cinismo de paz, amor y rock. Una película que está a punto de cristalizarse, luego de haber obtenido en el 2011 el premio Proyecto de una Obra de Largometraje, en CONACINE. Las grabaciones empiezan en febrero.
RESCATE DE LAMEMORIA
La ópera prima de Gonzalo Benavente, además de “intentar indagar en el espíritu de una generación que ahora sería muy complicado de entender”, busca convertirse también en un redescubrimiento y homenaje a todas aquellas bandas hoy legendarias, como Los Incas Modernos, Los Saicos y Los York’s” que irrumpieron en la primera escena del rock nacional e iniciaron un camino que lamentablemente no fue continuado.
“La movida en el Perú en los sesentas fue tan o más valiosa de la que hubo en Argentina. Las bandas nacionales de ese entonces tienen todo un legado enorme en la historia del rock sudamericano que se perdió en algún momento. Los jóvenes de ahora y los no tan jóvenes ya no conocen ese pasado. Recuperar ese momento reivindica lo que hizo esa gente y de alguna manera nos reivindica a nosotros mismos también”, sostiene.
TAMAYO EN ACCIÓN
Antes de triunfar en la edición 2011 de los premiosde CONACINE, Roncanrol’68” se presentó a los premios del año anterior, pero sin resultado alguno. Gonzalo retomó el proyecto, pero esta vez con el respaldo de ARGOS Producciones Audiovisuales, la productora de Augusto Tamayo Vargas, que además de proporcionarle valiosos aportes a la propuesta, garantizó con su experiencia en producciones de época, la realización de la película.
“Augusto fue mi profesor y me orientó en el primer año, pero para el año siguiente le pregunté si no le interesaría producir la película y aceptó. Él nunca había producido una película que no haya dirigido él mismo. Era una experiencia nueva para él y para mí”, relata.
La selección de los actores fue también resultado de un amplio proceso. Para los roles principales de Manolo, un adolescente que sueña con hacer películas, y de Emma, una joven medio hippie cuya llegada alborota al barrio, se eligió a Sergio Gjurinovic y Mariananda Schepp, los mismos que ya habían sido escogidos en el primer casting del 2010.
Los papeles de los amigos de Manolo recayeron en Manuel Gold y Jesús Alzamora, los polizontes de Plus Tv. También se unió al elenco Leslie Shaw, como la sexy dueña de una tienda de discos que alborotará las hormonas de uno de los amigos de Manolo. Pablo Saldarriaga, Gisela Ponce de León, Norma Martínez y Gianfranco Brero también comprometieron sus talentos al proyecto.
Aunque la película busca contar una historia divertida, fresca y por momentos nostálgica, el hecho de desarrollarse a pocos meses de producirse el golpe de Velasco, inevitablemente le da un tono trágico. El Perú tuvo que madurar de un solo golpe desde entonces, al descubrir que había un país distinto que reclamaba protagonismo, y lo logró de la peor manera. Aprendimos que las botas no son el mejor camino hacia la inclusión. O al menos eso quisiéramos creer.
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