Es modelo y anfitriona, le encanta bailar y también actuar, aunque dice nunca haber tenido la oportunidad de hacerlo en algo grande fuera del colegio. Canta música romántica, boleros de Los Iracundos y todo lo que ponen en La hora del lonchecito. Pero cuando se asa, es de armas tomar.
¿Tienes alguna obsesión con los uniformes y las fuerzas de la ley?
Realmente detesto a los policías de tránsito, porque en vez de hacer que el tránsito sea más fluido, lo complican. No saben guiar; si hasta los semáforos son más inteligentes, lástima que en Javier Prado solo funcionan los domingos, y el resto de la semana… a joder los hinchapelotas.
¿Cuál ha sido la mayor vergüenza que has pasado?
Cuando tenía 15 años era muy tímida. Un día un chico fue a visitarme y hablaba, hablaba y hablaba, y yo quería ir al baño pero no sabía cómo interrumpirlo, y en eso empecé a sentir que “se me salía”… al final, toda avergonzada, me metí empichada a mi casa.
Ósea que si un chico te quiere enamorar, ¿lo dejas que siga nomas?
Para chotear si soy bien atorrante, de frente le canto todos sus defectos. Pero con un chico que conocí en una discoteca no me ligó, le dije que era flaco, desnutrido, que hablaba horrible y más cosas, pero él como si nada. Al final terminamos siendo buenos amigos… hasta ahora.
¿Y con las chicas también te pones brava?
Siempre fui cobarde para los problemas y más para las peleas. Una vez una chica que recién conocía, por celos con el chico que le gustaba, me tiró cerveza en la cara; solo se me ocurrió decirle: “Gracias, necesitaba refrescarme”. Ahora somos buenas amigas.
Fotos: Guillermo Vilcherrez
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