
Así como se piensa que el corazón es el órgano del amor, existe la creencia de que los genitales son los únicos órganos sexuales. Sin embargo –y aunque ciertamente son indispensables– todo el placer se produce allá arriba y llega gracias al auspicio gentil de tu cerebro. Ahora, descubre cómo es que funciona para que vayas presumiendo por ahí de que eres el gurú de la ciencia del sexo. Nada más sexy, te lo aseguro.
Sientes unas contracciones muy poderosas que hacen que tu mente –y a veces tus ojos– se pongan en blanco. Las piernas no te responden. Las caderas te tiemblan. Y en eso sientes una descarga y un alivio cuya sensación de placer quisieras sea eterna, pero sabes que de unos segundos no pasará. Sí, felicitaciones. Acabas de tener un orgasmo.
Esta es la descripción más común, aunque claro, cada quien lo experimenta a su manera y depende de muchos factores. Gracias a la neurociencia –la nueva rama favorita de publicistas y psicólogos– ahora podemos conocer qué pasa realmente por nuestras cabecitas y cómo funcionan cuando tenemos una experiencia de éstas.
La Universidad de Groningen en Holanda, realizó una serie de pruebas para estudiar cómo reacciona el órgano más importante de nuestro cuerpo ante uno de los grandes placeres del ser humano. Para ello, utilizaron imágenes de resonancia magnética y descubrieron que, entre hombres y mujeres, no hay grandes diferencias cuando se trata de orgasmos. En realidad, ambos responden de manera bastante similar.
Sin embargo, una de las diferencias que existen es que en los hombres un orgasmo suele durar entre 3 y 10 segundos, mientras que en las mujeres –mucho más afortunadas– alrededor de 20.
Pero en ambos casos, la actividad cerebral liberada por el éxtasis del orgasmo se ubica en, por lo menos, 30 regiones distintas. Lo curioso es que la zona ubicada detrás del ojo izquierdo (corteza orbifrontal) se apaga cuando llegas al clímax y éste es el motivo por el cual también se le llama “muerte chiquita”, ya que esta parte del cerebro es la encargada de los procesos que implican la razón y el control. Entonces, en esos momentos no tienes poder de discernimiento alguno ni autocontrol. Bienvenido, salvaje.
La reina de este encuentro tenía que ser una sustancia química y en este caso es la dopamina, una hormona que cumple funciones de neurotransmisor en el sistema nervioso central y la principal responsable de que te sientas flotando sobre algo que debe ser como la máxima felicidad.
Como dato a adicional –y para que termines de sorprender– para el doctor Gert Holstege, durante un orgasmo el cerebro se parece en un 95% a una persona bajo los efectos de la heroína. Ahora ya sabes el porqué de ese estado de embriaguez que te deja medio drogado por unos instantes (y por qué los heroinómanos no se curan nunca).
UNA EXPERIENCIA RELIGIOSA
Para los que alguna vez se preguntaron de dónde salió la frase: “Oh, mi Dios” –o para ti que estudias con Open English: el popular “Oh, my God”–, te tenemos una gran noticia. Rezar es parecido a tener sexo.
Gracias a los trabajos de investigación del neuro científico de la Jefferson University, Andrew Newberg, se conoce que los patrones de actividad cerebral son similares entre monjas católicas y monjes tibetanos cuando meditan, y entre dos personas que se producen placer mutuamente.
No en vano, el hombre más feliz del mundo es un monje tibetano que se dedica a la meditación (sí, hablamos de ti mañosín). Así que, ahora ya sabes, el placer sexual es algo cerebral. Porque todo está en la mente.
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