TRES FUNCIONES, TRES

V FESTIVAL DE FUSIONES CONTEMPORÁNEAS 2013

¿Qué tienen en común los perros, la comunidad y ese doble que debemos tener todos al otro lado del mundo? En el Teatro Británico, que son los protagonistas de las tres obras que conforman el V Festival de Fusiones Contemporáneas 2013. Conversamos con el colombiano Hugo Alberto Rodríguez y las nacionales Morella Petrozzi y Cristina Velarde, quienes dirigen estas obras, para que nos den un acercamiento a sus propuestas.

 

DOBLE, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?

Doppelgänger es un espectáculo ganador de la beca Creación Distrital IDARTES 2011 de Bogotá. El personaje que nace en la mitología europea, es sinónimo de infortunio, mala suerte y muerte, un panorama poco convencional para un Día de los Enamorados, uno de los días en que se montará la obra. Hugo Alberto Rodríguez, su autor y director, le restó importancia a esta rara coincidencia.

 

¿Cómo escogiste el nombre de tu montaje? La obra se llama Doppelgänger, cuya traducción del alemán es “el doble que camina al lado”. Fue inspirado en la medida que, dentro de la obra, aparece este doble y es como un augurio de mala suerte. Es también uno de los referentes que manejamos dentro de la obra. Básicamente, como lo veo, aparece el Doppelgänger y abre la puerta a la caída a un abismo, en cierta manera. La obra busca trabajar diferentes lenguajes en el corporal pero también en el nivel plástico, como el video. En el plano corporal se maneja mucho lo que es la danza contemporánea, la experimentación con ciertas calidades del movimiento que se fusionan con elementos de lo que es la danza clásica.

Me comentas que este personaje está relacionado con la mala suerte, yo había leído también que su aparición es un aviso de que la muerte está cerca. ¿No es un tema muy oscuro como para presentarlo en San Valentín? (Risas) Dentro de mi concepción como artista, como creador, tengo una postura bastante optimista de la vida. Lo que busca la obra no es pensar en que tenemos un final trágico o un desenlace tortuoso, a pesar de que la obra apunta a ese final, sino a lo contrario: a plantearnos y reflexionar lo que son nuestros placeres. Al no saber manejar nuestros apegos, podemos caer en una adicción, lo que puede significar una dependencia, y que de alguna manera hace que nos perdamos de nosotros mismos. Creo que depende mucho de la reacción del público, pero yo disfruto mucho viéndola. No sé cómo pensará la gente pero no lo siento tan terrible con respecto a la obra (risas).

En la presentación de la obra hubo un video en el piso. ¿Eso se va a repetir en Lima? Por las características del escenario, según lo que hemos hablado con la Asociación Cultural Peruano Británica, el video ha tenido que ser modificado. El público está por debajo del escenario y no podría ver el video. La artista visual que diseñó el video se llama Laura Criollo y no ha tenido problemas para modificarlo. No lo vemos como un problema sino como una oportunidad para reconfigurar el video para otro tipo de escenarios. Vamos a aprovechar este cambio para potencializar la sombra de los bailarines sobre las pantallas.

¿Crees que haya un doble tuyo en alguna parte del mundo? Creo que de alguna manera todo el mundo es el doble de uno. Siempre nos vemos reflejados en las otras personas y así reafirmamos nuestra identidad.

 

LA COMUNIDAD DE CRISTINA

Cristina Velarde se ha propuesto una tarea difícil: que aquellos que hicieron desmanes en La Parada, los que te linchan por usar una camiseta que no es la de sus colores o los que te meten el carro sin siquiera sacar la mano para voltear, aprendan a vivir en comunidad. Su granito de arena en este sentido es la obra Allin munay, de la que ya pudieron disfrutar algunos en el pasado FAEL.

 

Allin munay significa vivir en comunidad, ¿la obra busca ser una lección en un país tan polarizado como el nuestro? Es un cuestionamiento más que una lección. El punto de partida es este desencuentro que tenemos cotidianamente en todo sentido. Más que en una moraleja, lo que hace la obra es basarse en un principio andino, que es el sumac kausai, que busca un equilibrio entre tres dimensiones humanas: el hacer bien, el sentir y el pensar. La pregunta a partir de este principio era, “¿por qué no podemos tener un equilibrio en nuestra vida en comunidad?”. Hay episodios o anécdotas de excesos que se cometen y son resueltos por los bailarines de acuerdo a lo que sintieron en el proceso, buscando cuál debía ser su respuesta.

¿Estos excesos son hechos puntuales que han ocurrido en Perú? están basados en acciones que se han dado aquí pero son llevados a un punto abstracto y metafórico. Por ejemplo, un momento que para mí fue un quiebre personal, en el que dije: “Esto no puede funcionar de esta manera” fue una noticia de un vecino que había construido una pared y la familia de al lado le pedía que por favor no lo construyera pero el vecino decía que como era su casa, él podía construir lo que le diera la gana. El hecho es que la pared se termina cayendo y mató a una de las hijas de la otra familia. La pregunta fue “¿Cuándo la gente encuentra el límite para no hacer lo que le da la gana?”. Esa frase es traducida metafóricamente en el montaje a través de un abuso corporal.

Y en cuanto a problemas políticos… Es muy curioso porque cuando estábamos haciendo el montaje sucedió lo de La Paradaa. Eso hizo cuestionarse a todo el elenco sobre qué es lo que está pasando como comunidad. Conversando, una de las conclusiones a las que se llegó es que las personas son capaces de lo mejor y de lo peor. Existe esa dualidad en las personas.

¿Cómo se transmite estas anécdotas a través de la danza? Yo planteo una inquietud y los bailarines buscan a través de sus experiencias personales, qué calza y que se asemeja a esta idea que yo les estoy dando. Una vez que lo tienen, buscamos cuáles son las palabras que toman estas experiencias. Por ejemplo, hay un cuadro donde son los chicos los que son agredidos verbalmente, que es lo que las mujeres del elenco se quejaban de la sociedad limeña.

La obra ya ha sido vista en el FAEL, ¿Qué respuesta encontraste del público? Es una obra muy dinámica, que tiene música en vivo, con lo cual el nivel se levanta un montón. Hay seis músicos en vivo y siete bailarines. Es muy vital, todo el tiempo hay mucho flujo de energía. Los actores han sido muy naturales y creo que en ese sentido la obra ha refrescado. He tenido muy buenos comentarios en FAEL. No terminas con un sentimiento de “qué dura es la vida” ni “me voy a acuchillar”, que es a veces el problema que tiene la danza acá: es tan profunda que muchas veces el espectador sale más perturbado que conmovido. En este caso eso no pasa, es una obra que tiene mucha luz.

 

ESTE PERRO, PERRO MUNDO

Cuando le preguntamos a Morella Petrozzi acerca del título de su más reciente creación, Doggy style, ni siquiera se sonrojó y nos contestó muy suelta de huesos. ¿Cuál es la intención detrás de un título tan poco convencional? Exactamente la que estás pensando, pero también muchas más. Ella espera que se convierta en la Cats peruana.

 

Hay una cita de tu libro Tres cuentos que hace referencia a esta obra… Sí, es el primer párrafo de Angst, un cuento que significa angustia en alemán. Fue un momento de mi vida muy angustiante. He tomado al perro como una excusa, y de protagonista a su vez, para hablar de la humanidad. Porque todo artista contemporáneo debe estar en contacto con lo que pasa en su mundo.

¿Cómo definirías la obra: una crítica a la humanidad o un llamado de atención? Es todo. Claudia Odeh y yo hemos hecho la composición y la coreografía, y hemos dividido esta obra en 10 mini danzas, donde habrá unas de condena, otras de celebración, de cuestionamientos, de respuestas y unas más de simplemente mostrar una situación. La danza contemporánea y la que yo hago, buscan abrir la mente, es para que ese ser humano que vino a verla se cuestione y cree conciencia. Definitivamente quiero conmover. Si el público fue y no sintió nada fuerte, para mí fue un fracaso.

Las máscaras zoomorfas que usan los danzantes y la música, ¿las hicieron especialmente para la obra? Sí, las primeras las hizo este maravilloso escultor que se llama Edward “Larvita” Garcés, y evocan a distintas razas de perros, pero con los hocicos como si fueran máscaras anti gas. La música es de Elder Olave, pero en un preámbulo de la primera escena, yo soy una drogadicta, que viene a ser la cuentacuentos de esta historia. Voy a estar con un equipito en el que va a haber canciones de músicos que han tomado al perro como protagonista.

Seguro estará Black dog de Led Zeppelin pero no creo que pongas El baile del perrito o Who let the dog out

(Risas) También, y por qué no.

¿Sabes que el título de tu obra, Doggy style, tiene una connotación sexual? Por supuesto, pero cómo no. La intención es justamente que la gente piense en eso. Es lo primero que se viene a la mente, pero lo más simplista también. “Doggy style, ah, la posición del perrito”. ¿Qué pasa si esa persona que va solo por ese título se encuentra con mucho más que esa pose? La idea es capturarte con un título sugerente… ya no sabemos qué hacer para que el público venga a ver danza contemporánea (risas).

¿Cómo ves el futuro de la danza contemporánea en el país? Gracias a Dios, he tenido un público que me ha seguido durante todos estos años. Tengo un montón de alumnos que están tomando este bloque intensivo para formación de bailarines, que es para gente que tiene talento y quiere tomar la danza de manera profesional. Hay danza para rato porque cuando me ponga viejita y muera, estarán Claudia Odeh, José Luis Urteaga, Magaly Escudero, Pierina Rodríguez, todos los bailarines que vienen a la escuela y que participan en la obra.

¿Te gustaría que Doggy style se convirtiera en la Cats peruana? Sería una versión canina de off Broadway, y claro, me encantaría que fuera una danza de repertorio que repitamos todos los años. Vamos a ver cómo nos va.

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