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UN OSCURO CABALLERO QUE NO ES BATMAN

CUANDO EL TORTURAR SE CONVIERTE EN PLACER Por: Maria Pia Arriola | January 16, 2013 - 4:49 pm

“De los retorcidos guionistas de Saw IV, V, VI y VII…”. Esa es la marketera frase que aparece como carta de presentación de El Coleccionista II, película dirigida por Marcus Dunstan y escrita por Patrick Melton. Esta espeluznante secuela trae de vuelta a Arkin (Josh Stewart), un ladrón que ya había sido atrapado en el laberinto del coleccionista en la primera parte de la saga, y hoy es llave para liberar a otra víctima. Te contamos todo, incluyendo el final para arruinarte la función (no mentira, no somos como Homero Simpson).

Elena (Emma Fitzpatrick), una joven rebelde y hasta probablemente demócrata, es invitada a una fiesta subterránea, mientras en las noticias todos hablan de un asesino en serie suelto por ahí. Aprovechando que su viejo (Christopher McDonald) –quien, por cierto, aparece casi nada pero con una buena actuación– se ha quedado dormido, se escapa de casa y se larga de parranda con dos amigas. Y ya sabes lo que la moralina cinematográfica dice que le pasa a las muchachas imprudentes:

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El tonazo, ubicado en un sótano, será el escenario de la pesadilla. Se armará un collage alucinante de sangre, brazos y piernas por doquier (no lleves lonchera amigo gore, que acá hay un surtido banquete sanguinario), pero es aquí, justo en el alboroto de la matanza de los toneritos, que Arkin (personaje de El Coleccionista I) logra escapar.

¡Bien! Una víctima que se salva, final feliz para él. ¿Eso crees? Naahhh. Arkin será obligado a regresar para rescatar a Elena. Ok, argumento de pela de terror pero, si te gusta la sangre más que a los personajes de True Blood, aquí estarás bien servido.

Dicen que las segundas partes siempre son malas, en este caso hay que preguntarnos  ¿qué tal fue la primera? Pues según Rotten Tomatoes, la precuela solo tuvo 30% de comentarios positivos y una valoración promedio de 4.2/10.

De acuerdo a la misma página de críticas, The Collection –no te confundas, la primera es The Collector –  tuvo mejores comentarios que la primera parte, con un 39% de reviews positivos y una aprobación del público del 63%. Sin embargo, alguien podría decir que las reseñas no le hacen tan buena fama: “ofrece más escenas espeluznantes y de humor retorcido que su predecesor, en otras palabras, buena para los amantes del género, pero desagradable para todos los demás”. Bueno, qué cosa quieren, el gore es exclusivo para quienes puedan comer su pop corn sin preocupaciones mientras una persona es destazada en la pantalla.

No vas a encontrar escenas complicadas. Para nada. Es una película bastante digerible, con una pizca de suspenso, un encuentro con un encapuchado que droga y tortura a sus víctimas y, si tienes suerte, un brazo al lado de tu asiento. Eso sí, aunque la saga de Saw y estas dos últimas han sido catalogadas como dignas representantes del gore y torture porn, no te hagas muchas ilusiones porque las 7 de Jig Saw son superiores en cuanto a complejidad, guion y efectos creados especialmente para torturarte mentalmente.

Pero quizás el mayor atractivo de esta película, al menos para nosotros, radica en que aquí el asesino no tiene cara, ni voz. Su identidad permanece en el anonimato durante los 82 minutos que dura el filme. El callado antagonista taxidermista hablará solo con sus acciones psicópatas.

Por otro lado, aunque no entregue ningún aporte revolucionario al género, el director, Michael Dunstan, hace un trabajo lo suficientemente bueno –con sus fallas, es cierto, como la terrible escena en la que una podadora tritura a todos en la discoteca– como para hacer saltar en sus asientos a los espectadores.  En resumen, una de esas películas que, si decidiste ver, tienes que hacerlo de todas maneras en el cine y con canchita y gaseosa a la mano. La sangre siempre se verá mejor en la pantalla grande.

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