LO NUEVO DEL VIEJO COPPOLA
Francis Ford Coppola está de vuelta con el cine de autor que lo inmortalizó. La película se llama TETRO, un drama familiar de inmigrantes italianos en Argentina. Con 70 años, el director de EL PADRINO y APOCALYPSE NOW se hartó de hacer concesiones comerciales. Ahora financia él mismo sus películas en lugares donde puede vivir bien y filmar barato. Lo llama cine de guerrilla, el mismo que amó desde los 18 años.
Por: Paul Alonso
—¿De qué se trata la historia?
—Rivalidad.
—Estás escribiendo la historia de nuestro padre.
El que escribe es Tetro, protagonista encarnado en el trasnochado Vincent Gallo, un poeta atormentado por las calles porteñas. Su familia italiana había migrado a la Argentina, antes de instalarse en Nueva York. Es una familia de artistas. El padre (Klaus María Brandauer), un arrogante director de orquesta, dice: “En esta familia solo hay espacio para un genio”. Por eso viven separados cuando Bennie (Alden Ehrenreich), el hermano menor de 18 años, decide ir a Buenos Aires en busca de su admirado Tetro, quien deambula por los círculos bohemios de la ciudad, tiene una novia psiquiatra (Maribel Verdú) y encontró en Carmen Maura, una influyente crítica literaria, a su mentora. El drama promete, además, la revelación de un secreto y un final trágico.
O esto es lo que entendí del trailer, porque Tetro se acaba de estrenar en Cannes y pronto llegará a los cines. Filmada en blanco y negro, con flashbacks y momentos oníricos a color, esta película es parte de una nueva era de Francis Ford Coppola, o quizá más un regreso al cine que lo hizo legendario –EL PADRINO I Y II, LA CONVERSACIÓN y APOCALYPSE NOW. Coppola (Detroit, 1939) lo llama “cine personal”, el cine de autor de la tradición europea con que se formó, en la que el cineasta todoterreno es quien escribe, dirige, y produce, el que mete su cuchara en todo obsesionado por controlar el mínimo detalle. Ese es el Coppola que ha vuelto: un artista caprichoso y perfeccionista, que solo está interesado en contar historias que significan algo inevitable para él.
El primer film de esta nueva era fue YOUTH WITHOUT YOUTH (2007). Basado en la novela de Mircea Ileade y filmado en Rumania, marcó su regreso al cine después de 10 años de inactividad. Es la historia faustiniana de un hombre de la misma edad de Coppola que vuelve a ser joven. “En realidad soy muy parecido al personaje de la película”, dijo Coppola, mientras trazaba sus nuevos horizontes: “es cine de guerrilla, cine real e independiente”. Esto sonaba raro viniendo de un tipo que ha ganado cinco premios Óscar y es considerado uno de los más importantes directores del siglo XX. Pero Coppola insistía: “Mi sueño es tener la carrera que quería a los 18 años. Cuando comencé nunca pensé que iba a ser un director exitoso de Hollywood. Cuando fui joven me tocó una gran carrera, y ahora espero tener una pequeña”, dijo al New York Times.
Con esta misma idea se trepó a un avión y se instaló en Argentina. Tras una estadía agitada –problemas con el sindicato de actores locales, ladrones entraron en su casa y se robaron su laptop, se volvió padrino de vinos locales—, terminó de filmar en Buenos Aires (especialmente en el barrio de La Boca) y la Patagonia después de 63 días. El resultado es TETRO, un film que según su creador es reminiscente de su vida: “Tomé cosas de mi familia. Cuando escribes de una familia, tú y los tuyos acaban en todos los personajes”.
TETRO se hizo con un presupuesto de 15 millones de dólares, y es parte de la manera de operar que el cineasta tiene clara: “Busco sitios que supongan para mí una aventura, en los que pueda disfrutar y filmar barato”. Argentina cumplía estos requisitos, además de contar con una rica historia de inmigración italiana, buena literatura y una de las grandes pasiones (e ingresos) del director: el buen vino. Porque además de ser Francis Ford Coppola, es viticultor, hotelero y publicista, actividades que han financiado más de una de sus películas.
“La gente piensa que si eres un director de cine conocido puedes hacer cualquier película que quieras. Pero nadie puede hacer eso, excepto quizá Steven Spielberg. Tienes que hacer películas que los estudios de Hollywood piensan que van a generar dinero”, dijo Coppola sobre el negocio monopolizado en California. “En mi caso, soy capaz de financiar mis películas por mí mismo, que es lo que he decidido hacer de ahora en adelante. Ya no tengo tiempo para ir a rogarle a alguien por una bolsa de dinero. Es más fácil para mí tener la bolsa de dinero”.
Una oferta que no podrás rechazar
La carrera de Coppola, sin embargo, ha estado llena de altibajos. Graduado de la Escuela de Cine de UCLA, se convirtió en el asistente de Roger Corman, un cineasta independiente con quien hizo películas de horror y se cuajó en el oficio. (En este periodo se le atribuyen unas películas de soft porn cuya autoría ha rechazado). Para Corman dirigió su primer filme: el gótico DEMENTIA 13 (1963), sobre asesinatos en un viejo castillo irlandés. Luego, hizo varias películas menores hasta que ganó su primer Óscar como guionista de PATTON (1970). Consolidaba en esos diálogos su capacidad de definir personajes y situaciones en líneas memorables. Al inicio del filme, frente a una bandera de Estados Unidos, el general Patton sentencia: “Ahora quiero que recuerdes que ningún bastardo ha ganado alguna vez una guerra muriendo por su país. Han ganado haciendo que otros pobres y tontos bastardos mueran por su país”.
Fue en 1972 cuando le llegó la consagración, con la película que pensaba titular Mafia y terminó siendo EL PADRINO. Basada en el libro de Mario Puzo, Coppola dejó por siempre firmada la imagen de la familia Corleone como el símbolo del crimen organizado italo-americano y una de las más intricadas exploraciones de una saga familiar. Pero también guarda malos recuerdos de esta experiencia: tuvo que batallar mucho para obtener a los actores que quería, como el divo Marlon Brando y el debutante Al Pacino, y casi fue despedido de la película por la Paramount si no fuera por la intervención del productor Robert Evans. “Estaba metido en problemas y me sentía miserable. Me sentía tan solo en la idea que tenía para la película”, ha confesado sobre la obra que se convirtió en clásico y éxito de taquillas. Entonces, Coppola fue millonario y famoso. Aprovechó el momento para dejar dos filmes memorables: antes de hacer la magistral EL PADRINO II, construyó LA CONVERSACIÓN, una joya psicológica protagonizada por Gene Hackman sobre espionaje. Estaba en la cima. Solo le faltaba el proyecto épico, la propia marca por batir: superar a su gurú Orson Welles a través de la adaptación de HEART OF DARKNESS, la novela de Joseph Conrad, proyecto que Welles abandonó 40 años antes debido a los altos costos de producción.
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