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	<title>DEDOMEDIO EL PLACER ES TUYO &#187; Fernando Ruiz Diaz</title>
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		<title>NUESTRA FÓRMULA ES NO TENER FÓRMULAS</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2012 18:37:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dedo Medio</dc:creator>
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<p><a href="http://dedomedio.com/destacados/nuestra-unica-formula-es-no-tener-formulas/"><em>Click here to view the embedded video.</em></a></p>
<p><strong>La expectativa de los miembros de Catupecu Machu por venir a Perú es tan grande que sorprende que en los 18 años de carrera musical aún no hayan pisado suelo peruano como banda. El bajista, Sebastián Cáceres, tuvo un abuelo peruano y vivió en Lima los primeros años de su vida; su baterista, Agustín Rocino, acaba de visitar Cusco, ciudad de la que se declara enamorado; y el vocalista, Fernando Ruiz Díaz, un surfista de corazón, confiesa que muere por correr nuestras olas norteñas. Como si fuera poco, su tema <em>Shakulute peruano</em>, es una forma de reconocer la importancia del cajón peruano –ya que no tenemos shakulutes. Ellos reunirán a sus fanáticos este miércoles 21 en la discoteca Gótica de Larcomar, pero antes conversaron con nosotros.</strong><br />
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<p>“Estoy con muchas ganas de Perú. Vos sabés que el bajista, Sebastián Cáceres tuvo un abuelo peruano. Perú es una de sus tres naciones junto a España y Argentina. Yo nunca estuve, es una cuenta pendiente que tengo desde hace muchos años. Me gusta que por fin se haya dado, por ahí que puedo ir a surfear, me han dicho que tienen unas olas increíbles. Tanto tiempo que tiene Catupeco y la gente tiene bastante expectativa con que vayamos, pero tal vez la mayor expectativa la tenemos nosotros”. A Fernando Ruíz Díaz, vocalista de Catupecu Machu, no es necesario hacerle una pregunta para que empiece una entrevista. Siempre tiene algo que decir. Perú será el país con el que retomarán sus conciertos luego de sus vacaciones y la ansiedad se siente al otro lado de la línea. “Vamos a descargar todo eso que trajimos de las vacaciones así que para nosotros es alucinante”. Catupecu viene con todo.<br />
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<p><strong><em>El mezcal y la cobra</em></strong><strong> aparece en un momento en que la banda se está reconstruyendo. ¿Cómo refleja este disco el nuevo momento de la banda?</strong><br />
Es un cambio de piel, es un disco en el que se nota una energía, una luz para afuera que se nota. Cuando lo grabamos, estábamos muy bien internamente, a pesar de que cambiamos el baterista. Lo veo como el fin y el inicio de un ciclo. Empezaron a pasar muchas cosas desde el accidente de Gabriel (bajista desde los inicios de Catupecu y hermano de Fernando, quien sufriera un accidente automovilístico el 2006 que lo alejó de la banda), ustedes lamentablemente no vieron a Gabi. Posterior a eso, nuestro bajista fue por un año y medio Zeta. Cuando volvió con Soda, paramos un poco. Luego Grabamos un disco, ahí salió como bajista Sebastián (Cáceres), que ya era un interno de la banda, que antes era el técnico y asistente del grupo y trabajó conmigo por años. El mismo Agustín Rocino, baterista actual, ya era amigo de Catupecu cuando se inició la banda, estuvo en la preproducción de <em>El número imperfecto</em>. Quizás el cambio que hubo fue positivo para la banda. Con Javier Herlen tomamos caminos distintos pero está todo más que bien. La verdad, es un momento alucinante.<br />
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<p><strong>Además de los reemplazos, y de que de disco a disco hay siempre cambios, siguen siendo reconocibles como Catupecu Machu. ¿Qué es lo que les da identidad?</strong><br />
Siempre nos referimos a nosotros como un Catupecu, como una entidad superior a todos nosotros, en el sentido de que si un día no existimos más como seres humanos en forma física, queda nuestra música. La personalidad la fuimos forjando con esa cosa tan diversa que tiene Catupecu pero que si escuchas un disco nuestro verás que los temas tienen una misma impronta. Una vez Zeta Bosio, cuando grabó un tema muy hermoso que se llama <em>Refugio</em>, que sale en <em>El número imperfecto</em>, decía que el tema era muy tranquilo pero que tenía esos dientes que tiene Catupecu. Nuestra gran característica es la eterna búsqueda, sin prejuicios. A pesar de que venimos del rock, nuestra música tiene que ver con todo, mezcla un poco la identidad del tango, del folclore argentino, la música de otros países que no tienen que ver con el rock. El primer tema de <em>El mezcal y la cobra</em> se llama como el disco y el último, <em>Shakulute peruano</em>, que en realidad es el mismo tema pero con cajón peruano. Si ves el DVD que está en el disco, que se llama <em>Aparecen cuando grabamos</em>, está la grabación en directo de ese tema, y es una versión más íntima.<br />
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<p><strong>Pensábamos que shakulute era una palabra dentro del lenguaje Catupecu, como el “pereuípachúsoufá”, pero es en verdad un instrumento. Ahora, ¿existe el shakulute peruano?</strong><br />
Es una invención nuestra, no existe el shakulute peruano. Después de cuatro días de estar horas y horas buscando la línea de sonido para el teclado en <em>El mezcal y la cobra,</em> encontramos un sonido que se llama shakulute, que sonaba como una flauta oriental. Investigando, descubrimos que es un instrumento alucinante que une oriente con occidente. ¿Viste esa especie de flauta que tocaban en <em>Kill Bill</em> que era como una caña de bambú? Bueno, el shakulute mezcla la pipa de esta flauta con un teclado, como el de un clarinete. Es un instrumento moderno que tiene que ver con esta cosa cuando se juntaron oriente y occidente. La otra versión de <em>El mezcal y la cobra</em> la hicimos con cajón peruano. Al hacer esa versión nos pareció alucinante que se llame como un instrumento que nace en el oriente y otro que es de acá, donde está muy fuerte la raíz de los pueblos originarios y que se agregó posteriormente al flamenco que se tocaba con guitarra española y con palmas. Los dos instrumentos tienen que ver con el ida y vuelta de las culturas, de las fusiones que se van dando con el correr del tiempo.<br />
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<p><strong>Han dicho que siempre saben lo que hacen, pero no hacen lo que saben. ¿Siguen buscando hacer siempre algo diferente?</strong><br />
Totalmente. Los seres humanos normalmente hacemos lo que sabemos, entonces no pasamos nuestros límites. Sabemos lo que hacemos en el sentido de que sabemos qué no queremos hacer, y no hacemos lo que sabemos en el sentido de exigirnos el bucear siempre en universos desconocidos, en cambiar nuestro propio paradigma, nuestras propias reglas. Si hiciéramos lo que sabemos estaríamos repitiendo una fórmula, y nuestra única fórmula es no tener fórmulas.<br />
&nbsp;</p>
<p><strong>¿Sienten que las letras de Catupecu, líricas y crípticas, heredan algo de la tradición de Gustavo Cerati?</strong><br />
Me han dicho muchas veces que para entender el universo Catupecu hay que entrar a nuestro código y entender esa cosa críptica. No sé si hay una herencia directa o si es una cosa críptica. Quizás están emparentadas, tanto con el padre de la escritura en Argentina que es Luis Alberto Spinetta, a quien queremos mucho, somos admiradores de él y de los Soda Stereo, pero quizás lo que pueda haber de emparentamiento es que las letras nunca son una historia sino que son cuadros. Yo con palabras pinto cuadros surrealistas, no es un mensaje tan directo. Quizás al escuchar nuestras letras te pueda pasar algo físico dentro tuyo, que después descubres de lo que se trataba buceando un poquito. Es como ver una pintura sin tener al autor al lado para decirte “Yo pinte esto por tal motivo”, sino con que te produzca una sensación. Spinetta, Las Pelotas, Massacre, Los Divididos y otros artistas de acá tienen esa cosa. En ese sentido, tal vez lo que dices que es críptico tenga que ver con eso, que es como un acertijo que en algún momento lo descifras. Y al descífrarlo es lindo porque si descifras el acertijo terminas viviendo lo que te sacude de esa música. Tiene mucho que ver eso con la impronta de lo que hacemos.</p>
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